La Habana volvió a usar este domingo la vieja fórmula de siempre: culpar a Estados Unidos mientras el país sigue a oscuras, sin combustible y con una caída visible de la vida diaria. El viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, defendió el modelo socialista y describió la crisis como el resultado de una “guerra económica, comercial y financiera” contra Cuba, según la Agencia Cubana de Noticias.
Su mensaje llegó en medio de apagones interminables, hospitales con problemas de suministro, transporte paralizado y barrios enteros sometidos a horas sin electricidad. El régimen insiste en presentar ese desastre como consecuencia exclusiva de la presión externa, pero la escena cotidiana en la isla desnuda algo más grave: un sistema que exige sacrificio permanente y responde con propaganda cuando la gente solo encuentra carencias.
Fernández de Cossío habló de una política de “hostilidad prolongada” y acusó a Washington de aplicar medidas “desproporcionadas, despiadadas y asimétricas” para debilitar la economía y la sociedad cubanas. Con ese discurso, La Habana intenta blindar al socialismo de cualquier examen serio sobre su responsabilidad en el colapso energético y en la miseria que arrastra a millones de cubanos.
El viceministro también presentó el modelo socialista como una herramienta para resistir la presión externa, capaz de priorizar recursos y movilizar la “voluntad nacional”. En la práctica, esa defensa llega cuando la población lidia con escasez de combustible, largas colas y un deterioro que ya no se oculta detrás de consignas. El relato oficial pretende convertir la ruina en resistencia, pero la realidad cotidiana cuenta otra historia.
La ofensiva verbal contra medios como The Wall Street Journal y The Economist siguió la misma línea. Fernández de Cossío los acusó de parcialidad y de mostrar “entusiasmo” ante las dificultades del país, mientras el régimen se reserva el derecho de descalificar cualquier mirada crítica y de cerrar filas alrededor de su versión única de la crisis.
En paralelo, el funcionario destacó una carta difundida por The People’s Forum y firmada por figuras internacionales como Jane Fonda, Ed Harris y Silvio Rodríguez, en la que se reclama el fin de la política de presión contra Cuba y se advierte sobre el impacto del bloqueo petrolero en hospitales y escuelas. La mención refuerza la estrategia de La Habana: internacionalizar el reclamo, mover solidaridad y desviar el foco de la responsabilidad interna.
El problema para el régimen es que su propio discurso choca con otro dato incómodo. Días atrás, el mismo Fernández de Cossío admitió en una entrevista con CNN que existen intercambios de mensajes “al más alto nivel” entre La Habana y Washington, aunque negó que haya un diálogo bilateral formal. Esa admisión confirma que el castrismo sí conversa cuando le conviene, pero mantiene intacta la negativa a debatir su sistema político o su modelo constitucional.
Mientras tanto, la presión energética obliga a la propia cúpula a hablar de austeridad para conservar combustible. Esa confesión resume la magnitud del derrumbe: el régimen no ofrece soluciones de fondo, apenas administra la escasez y culpa a otros de un país cada vez más exhausto.

Sé el primero en comentar