Régimen mantiene detenido a un menor cristiano en Morón

Jonathan Muir Burgos, de 16 años, sigue detenido en el Departamento Técnico de Investigaciones de Morón, en Ciego de Ávila, después de haber sido citado junto a su padre, el pastor Elier Muir Ávila, por las protestas ocurridas entre la noche del viernes y la madrugada del sábado, cuando un grupo de manifestantes llegó hasta la sede local del Partido Comunista.

El padre fue liberado, pero el muchacho quedó bajo custodia. Ese dato resume la intención política del régimen: castigar a una familia cristiana por su conducta pública y convertir a un adolescente en blanco de presión. En Cuba, el aparato represivo recurre a la intimidación familiar cuando quiere mandar un mensaje de miedo sin necesidad de explicaciones.

La familia Muir arrastra años de hostigamiento por sus labores cristianas y por su deseo de una Cuba libre. El reverendo evangélico Mario Félix Lleonart recordó que Elier Muir Ávila fue expulsado de la Iglesia de la Fe Apostólica por presiones de la Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y que, en agosto de 2024, se le comunicó que no tendría autorización para operar su congregación. Ese trasfondo coloca la detención del menor en la línea de una persecución sostenida contra creyentes que no se someten al control político.

Informaciones recientes apuntan a que las autoridades planean someter a Jonathan David a un juicio público frente al edificio del máximo órgano político de Morón, junto con otros adolescentes vinculados a la protesta. Si esa exhibición se concreta, el régimen volverá a usar el escarmiento como método: convertir una causa penal en advertencia pública y estirar la represión hasta tocar a menores de edad.

Allegados a la familia sostienen que Jonathan Muir ha sido formado en valores cristianos de no violencia. Esa versión contrasta con el intento oficial de asociar a los jóvenes con actos violentos y refuerza la lectura de fondo: el poder busca quebrar a una familia incómoda golpeando donde más duele, en su hijo menor. En Morón, el caso deja otra imagen del castrismo: un Estado que no tolera la disidencia, vigila la fe y usa a la policía como brazo político contra quienes se salen del molde.

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