El régimen reduce Granma y borra la prensa provincial

El régimen cubano admitió que ya no puede sostener la prensa escrita como la venía operando y recortará de forma brutal la circulación de sus periódicos. Desde el 2 de marzo de 2026, Granma y Juventud Rebelde saldrán apenas una vez por semana, con ocho páginas, mientras los periódicos provinciales dejarán de imprimirse por completo.

La decisión salió del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista y confirma una caída que no se tapa con consignas. El propio comunicado oficial intenta justificar el golpe con el “recrudecimiento del bloqueo” y con el impacto de una orden ejecutiva de la administración Trump sobre la disponibilidad de combustible, pero el fondo es otro: el aparato estatal se quedó sin recursos para sostener incluso su maquinaria propagandística.

La medida deja al descubierto el deterioro acumulado de la infraestructura productiva y logística del país. Entre apagones, escasez de papel y asfixia financiera, el régimen vuelve a trasladar a los cubanos las consecuencias de su fracaso económico. Primero se cae el abastecimiento, después el transporte, luego la impresión y al final también se desploma la prensa que durante décadas funcionó como vocera del poder.

El recorte golpea de manera especial a quienes todavía dependen del papel para informarse, sobre todo ancianos y personas que no usan internet ni tienen un teléfono móvil al alcance de su bolsillo. La apuesta oficial por empujar a todos hacia las plataformas digitales tampoco resuelve el problema de fondo: en Cuba la conectividad sigue siendo limitada, cara y desigual, y el acceso “gratuito” a sitios estatales no sustituye una prensa real ni amplia el derecho a estar informado.

El caso de Trabajadores, que mantendrá su frecuencia, solo confirma que el ajuste es selectivo y que la prensa provincial fue sacrificada por completo. En una isla donde la información ya está severamente controlada, la desaparición de esos periódicos reduce aún más los canales locales y profundiza el aislamiento informativo de las provincias, siempre las más castigadas por el abandono del Estado.

La prensa oficial cubana no se encoge por una decisión editorial moderna ni por una transición ordenada al entorno digital. Se achica por ruina. Y esa ruina, que el régimen intenta maquillar con excusas externas, retrata otra vez un modelo incapaz de sostener ni siquiera el aparato que lo aplaude.

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