Marco Rubio volvió a señalar al régimen castrista por darle cobijo a William Morales, uno de los responsables del atentado de la Taberna Fraunces, en Nueva York, una tragedia que dejó cuatro muertos y decenas de heridos y sigue marcada como uno de los ataques más violentos de aquella etapa en Estados Unidos.
En su pronunciamiento de este sábado, el secretario de Estado recordó que la explosión ocurrió el 24 de enero de 1975, cuando miembros de las FALN colocaron una bomba en la taberna. La carga mató a cuatro personas e hirió a otras cincuenta. Rubio insistió en que el régimen cubano mantiene bajo protección al autor de ese crimen y carga sobre sus hombros la impunidad de un hecho que no ha dejado de doler a las víctimas.
La denuncia golpea una práctica vieja de La Habana: servir de refugio a fugitivos reclamados por la justicia norteamericana. El propio material recuerda que se estima en alrededor de 70 la cifra de prófugos acogidos por el régimen, en su mayoría acusados de secuestro, asesinato y delitos relacionados con drogas. Esa conducta ha convertido a Cuba en guarida de criminales útiles para un aparato que desafía la legalidad internacional mientras exige respeto para sí mismo.
Rubio también recordó que en 2022 él y el senador Bob Menéndez llevaron el tema al Senado con una ley que obliga al régimen cubano a extraditar a terroristas y fugitivos. Bajo el nombre de Ley de Justicia para los policías Werner Foerster y Frank Connor, la iniciativa dejó sentado que Washington considera la presencia de esos prófugos en la Isla como una afrenta abierta a las víctimas y a la justicia.
El caso de Morales vuelve a dejar expuesta la misma lógica de siempre: la dictadura cubana protege a perseguidos por delitos graves y convierte el territorio nacional en santuario de impunidad. Mientras las familias de las víctimas siguen cargando con el daño, el régimen insiste en ofrecer amparo a nombres que la justicia reclama desde hace años.

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