El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, recibirá este miércoles en Washington a la líder opositora venezolana María Corina Machado, en una cita a puerta cerrada que llega en medio del reacomodo político abierto tras la captura de Nicolás Maduro. El encuentro tendrá lugar en la sede del Departamento de Estado, después de que Rubio comparezca ante el Senado para explicar la línea de la Administración Trump sobre Venezuela.
La reunión adquiere peso porque Machado permanece en la capital estadounidense desde el 15 de enero, cuando fue recibida por Donald Trump en la Casa Blanca. Allí habló sobre la situación venezolana y le obsequió su medalla del Nobel de la Paz, en un gesto cargado de simbolismo político en plena transición forzada del país sudamericano.
Trump ha intentado vender la idea de una relación cercana con el Gobierno interino de Delcy Rodríguez, la vicepresidenta de Maduro que asumió el poder tras la caída del líder chavista. Según el propio mandatario, Estados Unidos tutela Venezuela, ha cerrado acuerdos petroleros y ha logrado la liberación de varios presos políticos. En la práctica, la transición ha quedado marcada por la intervención directa de Washington y por el margen cada vez más estrecho que conservan los viejos aliados del chavismo.
La Casa Blanca había dejado inicialmente a Machado fuera del centro del proceso, pero después de verla en privado Trump expresó su intención de involucrarla en el futuro de Venezuela. Esa decisión confirma que la oposición venezolana sigue moviéndose entre la presión exterior, la negociación forzada y el vacío que deja un régimen derrumbado por su propia corrupción y por el descontento acumulado.
Antes de reunirse con Machado, Rubio presentará por primera vez ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado el plan de la Administración Trump para Venezuela. En el discurso difundido este martes, advertirá que la fuerza sigue sobre la mesa si Delcy Rodríguez no coopera con Washington. También dirá que supervisará de cerca el desempeño de las autoridades interinas mientras avancen en el plan por etapas para restablecer la estabilidad en el país.
El secretario de Estado afirmará además que Rodríguez quiere abrir el sector energético venezolano a las empresas estadounidenses y cortar el envío de crudo a Cuba, una decisión que tocaría de lleno al régimen de La Habana, dependiente desde hace años de ese flujo para sostener su aparato. Rubio añadirá que la funcionaria conoce el destino de Maduro y que su interés personal coincide con los objetivos de Estados Unidos.
La secuencia deja una señal clara: Venezuela entra en una nueva fase dominada por la tutela de Washington, la disputa por el petróleo y el desmoronamiento del poder chavista, mientras Cuba queda otra vez expuesta a perder una fuente clave de sostén político y energético. En ese tablero, la suerte de Machado, de Rodríguez y de Rubio se cruza con una realidad más dura: el derrumbe de una dictadura arrastra a toda la región y abre una pulseada de poder que todavía no está cerrada.

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