Rusia volvió a cerrar filas con el régimen cubano y le prometió continuar con el “apoyo político y material necesario” en medio del golpe directo a los suministros de petróleo que asfixian a la isla. El mensaje llegó desde Sergei Lavrov, ministro de Asuntos Exteriores, tras una conversación con Bruno Rodríguez, en la que Moscú describió como inaceptable la presión estadounidense sobre Cuba.
La declaración rusa llega en un momento de fragilidad extrema para la economía cubana, marcada por el desabastecimiento, el deterioro energético y la dependencia de fuentes externas para sostener servicios básicos. Lavrov advirtió que una interrupción de los suministros energéticos agravaría seriamente la situación económica y humanitaria del país, una advertencia que desnuda hasta qué punto la isla sigue atada a decisiones tomadas fuera de sus fronteras.
Según el comunicado de la cancillería rusa, la conversación entre ambos funcionarios se centró en las dificultades inmediatas de abastecimiento y comercio internacional. Moscú insistió en presentar a Washington como responsable de una ofensiva “inaceptable”, mientras reafirmaba su papel de aliado clave de La Habana en un escenario internacional cada vez más hostil para el castrismo.
El endurecimiento de las sanciones estadounidenses apunta directamente al flujo de crudo hacia Cuba. La administración de Donald Trump firmó una orden ejecutiva para penalizar a los países que comercien petróleo con la isla, bajo el argumento de que representa una amenaza para la seguridad. A eso se suma la presión reportada sobre México para frenar el envío de buques cisterna, un cerco que complica todavía más la llegada de combustible.
El golpe más duro para La Habana ya venía de antes. El suministro venezolano, durante años la principal fuente de crudo para el mercado cubano, cayó con fuerza por efecto de las sanciones de Estados Unidos contra Caracas. El resultado es una crisis energética que se traduce en menos transporte, más apagones y una economía aún más paralizada por la escasez.
En ese cuadro, Rusia intenta presentarse como sostén político y material del régimen, reforzando una relación que vuelve a cobrar peso en medio de la presión exterior. Lavrov sostuvo que la interrupción del suministro de energía amenaza con empeorar gravemente la situación económica y humanitaria de la isla, una frase que confirma la vulnerabilidad estructural de Cuba y la dependencia que mantiene el poder de La Habana de sus aliados externos.
El intercambio entre Moscú y La Habana también deja al descubierto una verdad que el castrismo trata de maquillar: la estabilidad del país descansa sobre corredores de suministro frágiles, condicionados por sanciones, alianzas y calculadoras geopolíticas. Mientras el régimen insiste en culpar al embargo y a la presión externa, la realidad es que su modelo ha dejado a Cuba sin reservas propias para sostener lo básico.

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