Iván Hernández Carrillo denuncia apagones, escasez y represión en Cuba

Iván Hernández Carrillo, ex preso político y líder sindical, describió una Cuba sometida a una crisis energética y social que el régimen ya no logra esconder. Desde la isla, advirtió que los apagones prolongados, la escasez de recursos y el deterioro de la vida diaria empujan al país a un límite insoportable.

El sindicalista afirmó que en algunas regiones los cortes eléctricos superan las 20 horas diarias. A esa oscuridad se suman la falta de petróleo, el transporte paralizado y hospitales golpeados por la ausencia de insumos. Su testimonio retrata un país donde la rutina se ha vuelto una sucesión de carencias y donde la población paga cada día el precio de la incapacidad oficial.

Hernández Carrillo, secretario general de la Asociación Sindical Independiente de Cuba, señaló que el combustible que entra a la isla no se destina al bienestar de la gente. Según su denuncia, una parte importante termina en manos de la represión, de los militares y del mercado internacional. El régimen protege su aparato de control mientras el pueblo queda atrapado en el desabastecimiento.

El dirigente también sostuvo que los ingresos obtenidos por esas operaciones no regresan a la economía nacional. Afirmó que terminan en cuentas personales en paraísos fiscales, una señal de la podredumbre de un sistema que administra la miseria para sostener a su cúpula. La lógica es la misma de siempre: privilegios para arriba y ruina para abajo.

La crisis, agregó, se ha profundizado por la caída de las importaciones desde Venezuela y México, la reducción del turismo, la falta de inversión y el deterioro de la infraestructura eléctrica. También dio por reales los reportes sobre una posible escasez total de combustible en un plazo de 15 días. En hospitales, en el transporte y en la calle, la falta de recursos ya dejó de ser un aviso y se convirtió en una realidad instalada.

Las protestas han crecido en ciudades como La Habana y Matanzas, impulsadas por los apagones, la escasez de agua potable, los alimentos racionados y la ausencia de medicinas. Hernández Carrillo aseguró que el régimen siente amenazado su poder y que la población ha llegado a un punto de no retorno. Para él, la única salida pasa por cambiar el modelo socialista que mantiene a Cuba hundida en la pobreza, la inflación y el miedo.

En ese clima, el aparato represivo se ha cerrado aún más sobre las calles. Hernández Carrillo denunció que la dictadura reclutó en el oriente del país a cientos de jóvenes para trasladarlos a La Habana con el propósito de contener posibles manifestaciones, repitiendo el patrón aplicado tras las protestas del 11 de julio de 2021. La respuesta oficial sigue siendo la misma: vigilancia, intimidación y fuerza.

La caída del turismo y la ausencia de inversión han terminado de agravar el cuadro, mientras el régimen insiste en culpar al Gobierno de Estados Unidos del bloqueo y repite justificaciones que ya no convencen a buena parte de la población. La crisis cubana dejó de parecer coyuntural. Es un derrumbe prolongado, sostenido por un modelo agotado y por una cúpula que se aferra al poder mientras el país se le deshace entre las manos.

Para Hernández Carrillo, una paralización total de la economía o un apagón general podrían detonar una nueva ola de protestas y abrir una fase todavía más delicada para la dictadura. Su advertencia resume el momento cubano con crudeza: el régimen gobierna sobre ruinas y empuja a más cubanos, cada día, al límite.

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