Santeros piden paz en La Habana mientras sube la tensión con EE.UU.

La Habana volvió a mirar hacia la Santería como refugio en medio de un país asfixiado por la crisis y por el choque creciente con Estados Unidos. Sacerdotes y practicantes de esa religión afrocubana se reunieron el domingo para ofrecer regalos a las deidades, cantar en yoruba y pedir paz, armonía y protección espiritual para Cuba.

La ceremonia estuvo atravesada por una advertencia que los babalawos ya habían lanzado a comienzos de año: guerra, violencia y conflictos marcarían este periodo. En una isla donde la supervivencia diaria depende cada vez más del golpe de la economía, esas señales religiosas encuentran eco en una población que vive entre la escasez, la presión política y el miedo al deterioro que no afloja.

Lázaro Cuesta, sacerdote que organizó la actividad en el patio de una casa antigua, habló de “curación espiritual” y de la necesidad de aliviar el impacto de los problemas dañinos mediante sacrificios y oraciones. Varias figuras de la comunidad repitieron ese llamado al pueblo cubano, en una jornada donde la fe apareció como un gesto de resistencia íntima frente a un entorno cada vez más hostil.

Los rituales comenzaron bajo un árbol de mango, con el sacrificio de una gallina, un gallo y una paloma. Luego los participantes pasaron al salón principal, vestidos de blanco, con collares y tocados, para ofrendar a Azowano, una de las formas que adopta San Lázaro en esa práctica religiosa. Sobre la mesa colocaron frijoles, maíz y hasta dos huevos, una ofrenda que pesa todavía más en Cuba por el precio de los alimentos.

Después vinieron las “limpiezas”, realizadas con dos pollos vivos mientras los presentes cantaban en yoruba. Eraimy León, babalawo de 43 años, resumió el sentido de la ceremonia al pedir que desaparezcan el conflicto y la violencia, y que prevalezcan la armonía y la salud. La imagen dejó claro hasta qué punto la espiritualidad sigue ocupando un lugar central en una sociedad golpeada por carencias que el régimen no logra resolver y que cada vez se vuelven más crudas.

El trasfondo político también pesó sobre la jornada. El 2 de enero, los santeros habían predicho la posibilidad de guerra y violencia para Cuba y el mundo mediante métodos tradicionales de adivinación. Un día después, el ataque de Estados Unidos contra Caracas y la muerte de 32 soldados cubanos que integraban el equipo de seguridad de Nicolás Maduro sacudieron a la isla y reforzaron el clima de alarma.

Venezuela sigue siendo uno de los principales aliados políticos, ideológicos y comerciales de Cuba, de modo que cualquier golpe sobre ese vínculo golpea también a La Habana. A eso se suma el endurecimiento radical de las sanciones estadounidenses y las amenazas directas de Donald Trump, que aprietan aún más a un régimen agotado y empujan a los cubanos hacia una etapa todavía más difícil.

En esa mezcla de religiosidad popular, crisis material y tensión internacional, la ceremonia del domingo dejó una postal muy cubana: un pueblo que busca alivio donde puede, mientras el poder insiste en sostener un país cada vez más vulnerable.

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