Un agente de la Seguridad del Estado llegó este miércoles, al mediodía, a la vivienda de dos integrantes del proyecto audiovisual Fuera de la Caja con el pretexto de levantar “una especie de censo” de los residentes del edificio. La visita, denunciada por los propios jóvenes en Facebook, encaja en la vieja rutina del régimen: vigilancia, presión y miedo disfrazados de trámite doméstico.
Uno de ellos explicó que el supuesto funcionario se identificó como Dainel Correa Quintana y que acudió en horario de almuerzo con una excusa que levantó sospechas desde el primer momento. También relató que su padre se negó a entregar cualquier información. La escena confirma el método de siempre: el aparato represivo tantea, insiste y busca entrar por la puerta de atrás cuando ya no le alcanza la intimidación abierta.
Los muchachos contaron además que el agente había intentado ubicarlos antes a través de otros familiares. Según dijeron, pasó por casa de la abuela de uno de ellos fingiendo ser un amigo y preguntando por su paradero. Esa maniobra, repetida durante años contra activistas, periodistas y creadores independientes, demuestra hasta qué punto la Seguridad del Estado convierte la vida cotidiana en terreno de hostigamiento político.
La respuesta del proyecto fue frontal. Una de las jóvenes afirmó que esperaban una ofensiva de vigilancia y presión, y dejó claro que seguirán publicando contenidos aunque intenten amedrentarlos. “Pensar no es un delito, expresarse no es un delito”, dijo en el video, un mensaje que retrata la lógica absurda del régimen: perseguir la libre expresión y castigar cualquier voz que se salga del guion oficial.
Fuera de la Caja es un colectivo joven que produce contenidos críticos desde Cuba y que en los últimos meses ha usado sus redes para denunciar la represión y mostrar solidaridad con otros proyectos independientes. En su presentación pública ha citado a José Martí para defender el derecho a pensar y hablar sin hipocresía, una declaración que choca de frente con el modelo de censura y control que impone el poder en la Isla.
El episodio ocurre en medio de un clima de hostigamiento creciente contra creadores y comunicadores que no se someten a la narrativa oficial. En días recientes, el grupo también quedó en el centro de una polémica por el uso de gorras con la frase “Make Cuba Great Again”, una consigna que la televisión estatal trató de asociar con extremismo y violencia. Los jóvenes respondieron que su mensaje fue tergiversado y que lo que defienden es una Cuba distinta, donde quedarse sea orgullo y no sacrificio.
La secuencia confirma que el régimen no tolera ni la crítica abierta ni los símbolos que cuestionan su fracaso. Cuando un grupo juvenil independiente se convierte en blanco de vigilancia, llamadas intimidatorias y maniobras de presión, la señal es inequívoca: el poder sigue usando la Seguridad del Estado para sofocar cualquier expresión libre dentro del país.

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