Madre cubana denuncia abandono médico para ella y su hijo con VIH

Evelyn Pineda Concepción volvió a denunciar el abandono sanitario que enfrenta junto a su hijo William Echevarría Pineda, de nueve años, ambos portadores de VIH y con complicaciones pulmonares que llevan días sin recibir la atención que necesitan. Su reclamo retrata el derrumbe de la salud pública en Cuba: hospitales sin camas, policlínicos sin oxígeno y una cadena de improvisaciones que deja a pacientes vulnerables a merced del régimen.

La madre contó que el pasado 15 de septiembre acudió al policlínico Ángel Machaco Ameijeiras, en Guanabacoa, donde reside, después de presentar catarro fuerte, falta de aire, fiebre, vómitos y diarreas. Allí fueron atendidos por una doctora de guardia y diagnosticados con reforzamiento pulmonar. En su caso, además, le informaron que padecía un derrame pleural en el pulmón derecho que comprometía la respiración y exigía ingreso urgente.

Pero la urgencia chocó de frente con la realidad de la red hospitalaria controlada por el régimen. Pineda Concepción fue remitida al hospital Clínico Quirúrgico Miguel Enrique, conocido como la Benéfica, donde le repitieron los rayos X y confirmaron el derrame. La respuesta fue la misma que reciben miles de cubanos en una isla donde la propaganda oficial insiste en hablar de sistema de salud gratuito: no había cama para ingresarla.

La mujer aseguró que la enviaron de vuelta a su casa con tratamiento y con la indicación de ir al policlínico a tomar aerosol en determinados horarios. Tampoco pudo cumplir esa indicación, porque, según denunció, no había oxígeno ni recursos básicos. Días después, al empeorarle la falta de aire, regresó al cuerpo de guardia y recibió otra vez la misma respuesta: más espera, más abandono, más riesgo.

El caso de su hijo agrava todavía más la denuncia. Pineda Concepción explicó que, tras comenzar tratamiento con azitromicina, el menor empeoró porque le indicaron una dosis incorrecta. Consultó después con un pediatra, quien le aclaró que al niño debieron recetarle media dosis y no la cantidad que estaba tomando. También relató que en el policlínico no había suero fisiológico cuando el pequeño presentaba un marcado decaimiento y apenas podía mantenerse en pie.

La madre asegura que en medio de esa crisis escuchó hablar de camas hospitalarias vendidas por 5.000 pesos, una práctica que describe como parte del negocio sucio montado sobre la miseria de los enfermos. Su denuncia va más allá de su caso personal: apunta a un sistema podrido por dentro, donde la necesidad médica se convierte en mercancía y la vida humana queda subordinada al abandono institucional.

No es la primera vez que Pineda Concepción levanta la voz. En abril ya había denunciado el abandono médico que sufría su hijo, entonces sin acudir a consulta con especialistas desde hacía nueve meses por falta de transporte para llevarlo al Instituto de Medicina Tropical Pedro Kouri. La repetición del drama confirma una política de dejadez que condena a pacientes crónicos a vivir sin atención real.

La mujer, integrante del Movimiento de Opositores por una Nueva República, también señaló que detrás de esta situación puede estar la mano de la Seguridad del Estado. Dijo temer que el aparato represivo quiera verla morir a ella y a su hijo por padecer enfermedades complejas. En la Cuba del régimen, donde la medicina se usa como vitrina política y el ciudadano queda indefenso ante la escasez, denuncias como esta revelan el costo humano de un sistema que hace rato dejó de proteger a los más débiles.

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