Telesur presentó como un logro de “resiliencia” la instalación de miles de sistemas fotovoltaicos en Cuba, pero el relato chocó de frente con la realidad que viven los cubanos: apagones largos, un Sistema Eléctrico Nacional al borde del colapso y una crisis que ya ha empujado protestas en varias zonas del país.
La cadena habló de una estrategia descentralizada para “blindar” al país frente a los cortes de electricidad, mientras la Unión Eléctrica reconocía una disponibilidad de apenas 1000 MW frente a una demanda de 2223 MW en la mañana del sábado. El déficit de 1266 MW confirma que el problema sigue castigando a millones de personas, incluso fuera de las horas de mayor consumo.
El contraste es brutal. El reporte de Telesur aseguró que el régimen acomete la instalación de 5 mil sistemas fotovoltaicos de pequeña escala en el oriente cubano, donados por China. De esa cifra, 2671 estarían destinados a policlínicos, centros de bombeo de agua, hogares maternos y otras instituciones calificadas como “estratégicas”. Pero en la calle, lo que se impone es otra imagen: barrios sin corriente, noches enteras a oscuras y familias obligadas a organizar su vida alrededor de una red eléctrica rota.
La reacción en redes dejó en evidencia el cansancio acumulado. Varios cubanos rechazaron la propaganda de una solución parcial para un país de más de 10 millones de habitantes. Uno de ellos recordó que el poder nunca ha sabido mantener la infraestructura que administra. Otro ironizó con que “más de 10 millones se ‘blindan’ con 5 mil sistemas fotovoltaicos”, una frase que retrata mejor que cualquier discurso el tamaño del engaño.
Las críticas también apuntaron al uso político de donaciones extranjeras. Para muchos usuarios, esos paneles terminan beneficiando sobre todo al aparato estatal, no al pueblo que sigue pagando la factura de un sistema ineficiente, mal mantenido y sometido a décadas de abandono. La denuncia de fondo es clara: el régimen intenta vender alivio tecnológico donde solo hay precariedad estructural.
La propia UNE admitió que seis unidades estaban fuera de servicio por avería en Mariel, Santa Cruz, Antonio Guiteras, Felton y Antonio Maceo, además de tres bloques en mantenimiento en Mariel, Nuevitas y Carlos Manuel de Céspedes. A eso se suman 322 MW limitados por fallos en la generación térmica. Con ese nivel de fragilidad, el SEN queda operando al filo del desplome permanente.
Mientras Telesur ofrece una postal optimista, la crisis real sigue marcando la vida cotidiana de los cubanos. La noche del viernes terminó con cacerolazos y protestas en distintos puntos de La Habana por la falta de servicio eléctrico, una respuesta que deja al descubierto el agotamiento social frente a un Estado incapaz de garantizar lo más básico. La energía solar puede aliviar instituciones puntuales; no resuelve el fracaso de un régimen que convirtió la electricidad en otro símbolo de su ruina.
Telesur intentó vender como éxito la energía solar en Cuba, pero la crisis eléctrica sigue intacta: apagones, protestas y un sistema al borde del colapso.[8][

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