Donald Trump volvió a poner a Cuba en el centro de su ofensiva política este lunes en Doral, Miami, al hablar de una posible “adquisición amistosa” de la isla y al dejar abierta la puerta a otros escenarios. En la misma comparecencia, describió al régimen cubano como una estructura sin energía, sin dinero y atrapada en una crisis humanitaria que ya no puede esconder.
La frase no cayó en el vacío. Trump presentó a Cuba como un país al borde del colapso y apuntó directamente a la debilidad del poder en La Habana, que durante años se sostuvo con el respaldo venezolano. Según dijo, esa ayuda llegó en forma de petróleo, combustible, energía y dinero, pero ya no existe. Ese dato golpea el centro del relato oficial, porque deja al descubierto cuánto dependió el castrismo de subsidios externos para aguantar el derrumbe interno.
El presidente estadounidense insistió en que la isla vive “con vapores”, una imagen brutal que describe con precisión el estado real de la economía cubana y la precariedad diaria que sufre la gente. Detrás de esa frase están los apagones, la escasez y la parálisis de un país que el régimen no ha podido sostener por sus propios medios. La crisis energética y financiera aparece así como el resultado directo de un modelo agotado, incapaz de producir bienestar o estabilidad.
Trump también aseguró que su administración ha intensificado la presión económica y política sobre el régimen cubano y sostuvo que la salida podría terminar en un acuerdo. Al mismo tiempo, elogió a Marco Rubio y dijo que el secretario de Estado está manejando el tema cubano al más alto nivel dentro de su gobierno. Con eso, Washington vuelve a colocar a La Habana bajo presión y confirma que Cuba sigue siendo un asunto vivo en la agenda de Estados Unidos.
Para el castrismo, el mensaje tiene lectura inmediata. La combinación de crisis interna, dependencia externa y cerco político deja al desnudo la fragilidad de un poder que insiste en vender control mientras la isla se hunde en el desabastecimiento y la ruina. Trump aprovechó ese cuadro para reforzar su línea dura y recordar que el régimen cubano ya no cuenta con el colchón que durante años le dio Venezuela.

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