Donald Trump volvió a subir el tono contra Irán y esta vez también contra sus aliados europeos. Desde el Air Force One, el presidente estadounidense aseguró que la capacidad militar de la República Islámica quedó “diezmada” tras la ofensiva de Washington y advirtió que la reconstrucción de esa infraestructura podría tomar una década o más si Estados Unidos se retira ahora.
Trump afirmó que los misiles, las defensas aéreas y los almacenes de minas navales iraníes quedaron “totalmente obliterados”, con referencia especial a la isla de Kharg, una pieza estratégica en el tablero del conflicto. También sostuvo que Irán no dispone de defensa aérea en este momento y remarcó que Washington tiene el control del espacio aéreo iraní.
El presidente aprovechó la escalada para apretar a la OTAN y exigirle un compromiso mayor. Dijo que Estados Unidos sigue cargando con la mayor parte del peso financiero y operativo de la seguridad occidental, mientras Europa se mantiene al margen. Su mensaje fue directo: si la alianza no responde como él espera, el futuro de la OTAN quedaría comprometido.
La presión de la Casa Blanca choca con la postura que han mantenido varios gobiernos europeos. Alemania insistió en que esta guerra no la empezó la OTAN. Reino Unido limitó su apoyo a facilitar bases aéreas para operaciones defensivas y Francia rechazó un respaldo militar directo, al cuestionar incluso la legalidad internacional de la ofensiva.
En medio de ese pulso, Trump fue más lejos y lanzó una amenaza abierta contra la infraestructura petrolera iraní si Teherán no cede. El mensaje confirma que la confrontación sigue escalando y que la Casa Blanca intenta arrastrar a sus aliados a una posición más dura, mientras Europa trata de marcar distancia. El tablero queda así en manos de una política de fuerza que vuelve a poner al mundo frente al riesgo de una guerra más amplia.

Sé el primero en comentar