Ucrania cerrará este año su embajada en La Habana y rebajará el nivel de sus relaciones diplomáticas con el régimen cubano, según anunció el ministro de Relaciones Exteriores, Andréi Sibiga, tras la votación de Kiev contra la resolución presentada por Cuba en la Asamblea General de la ONU sobre el bloqueo estadounidense.
La decisión marca un giro visible en el vínculo entre ambos países y deja al descubierto el costo político que ha tenido para La Habana su alineamiento con Rusia en la guerra contra Ucrania. Sibiga justificó la medida con dureza y afirmó que la resolución cubana no podía separarse del apoyo del régimen de Miguel Díaz-Canel a Moscú.
En su mensaje, el canciller ucraniano recordó además que el mandatario cubano le deseó “éxito” a Vladímir Putin en lo que calificó como una guerra de agresión contra Ucrania. Esa referencia, más que una frase aislada, resume el distanciamiento entre Kiev y un gobierno cubano que insiste en proyectarse como víctima del embargo mientras respalda a una potencia invasora.
La votación en Naciones Unidas dejó aislada a La Habana en un tema que el régimen convierte cada año en campaña política: 165 países apoyaron su resolución contra el bloqueo, mientras siete votaron en contra y doce se abstuvieron. Entre los votos negativos estuvieron Ucrania, Argentina, Paraguay, Hungría, Macedonia del Norte, Israel y Estados Unidos.
Para el castrismo, que vive de denunciar sanciones ajenas mientras avala dictaduras y guerras de agresión, el mensaje es incómodo. El cierre de la sede diplomática en La Habana no solo expresa una ruptura práctica; también exhibe la soledad creciente de un régimen que pretende exigir solidaridad internacional sin asumir las consecuencias de sus propias alianzas.

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