El huracán Melissa entró de lleno en el este de Cuba durante la noche del martes y obligó al régimen a mover a contrarreloj a más de 735.000 personas antes de que el ciclón castigara con lluvia, vientos y marejadas una zona ya erosionada por la crisis económica y el colapso de los servicios básicos.
Las autoridades mantuvieron las alertas por lluvias torrenciales, inundaciones repentinas, deslaves y vientos dañinos mientras el sistema avanzaba sobre una franja del país acostumbrada a los ciclones, pero cada vez más indefensa por la fragilidad de su infraestructura. En Santiago de Cuba, uno de los puntos más expuestos, el instituto meteorológico registró 127 milímetros de lluvia en las primeras horas de la mañana en Contramaestre.
La embestida de Melissa llegó sobre un territorio que ya venía a oscuras. La propia Unión Eléctrica reportó apagones antes de la llegada del ciclón y, más tarde, el corte dejó sin servicio a Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo. En un país donde la electricidad falla con frecuencia incluso sin tormentas, el huracán volvió a mostrar hasta qué punto el sistema energético y la red de servicios del régimen no resisten una prueba seria.
Las previsiones para el este de la isla hablaban de hasta 508 milímetros de lluvia y 635 en las zonas montañosas, con riesgo de inundaciones catastróficas. A eso se sumó una marejada ciclónica de hasta 3,6 metros en la costa sudoriental, suficiente para poner en peligro comunidades enteras y arrasar viviendas, caminos y cultivos en una zona que ya carga con demasiadas carencias.
En varias localidades rurales de tierras bajas, entre ellas Valle de Caujerí, Hatibonico y San Antonio del Sur, casi toda la población fue evacuada. La magnitud del traslado forzado refleja la vulnerabilidad del oriente cubano, donde cada alerta meteorológica termina revelando la misma verdad: el régimen administra la emergencia, pero no resuelve el deterioro estructural que deja a la población expuesta a cada ciclón.
Melissa llega después de golpear Jamaica con fuerza devastadora y de recuperar intensidad al acercarse a Cuba. Mientras tanto, en la Bahía de Guantánamo, bajo presencia militar estadounidense, también se activaron movimientos de evacuación que llevaron a unos 1.000 residentes a Florida y dejaron a unos 3.000 todavía en la base. El saldo inmediato en Cuba vuelve a estar marcado por una población evacuada en masa, un territorio debilitado y un Estado incapaz de ofrecer solidez fuera del parte meteorológico.

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