Una bandera banaliza la memoria del 11J

La discusión por una bandera que pretende representar el 11 de julio de 2021 toca una herida que sigue abierta en Cuba. El malestar que provoca no nace de una simple diferencia de gusto. Nace de la certeza de que aquel día fue una protesta masiva contra el régimen, seguida por represión, cárcel y castigo para muchas familias cubanas.

El 11J quedó marcado como una de las mayores sacudidas contra la dictadura en los últimos años. Desde entonces, cualquier intento de convertir esa fecha en un símbolo pulido, cómodo y fácil de exhibir termina chocando con lo que realmente fue: un estallido popular contra el poder, con rabia, calle y precio humano. La memoria de esa jornada arrastra persecución, miedo y prisión, y ese costo sigue presente.

Una bandera pensada para el 11J que ignore la crudeza de lo ocurrido desfigura la protesta y le quita su sentido político. El conflicto es de fondo: quién cuenta aquella jornada y desde qué lado la cuenta. El régimen lleva décadas empeñado en controlar el relato, borrar la rebeldía y reducir la protesta a una postal manejable.

La reacción que despierta esa bandera confirma que el 11J sigue vivo en la memoria de quienes salieron a la calle y de quienes cargan aún con las consecuencias. Mientras siga en pie la represión desatada después de aquellas marchas, cualquier emblema que suavice ese dolor quedará lejos de representar lo que pasó en Cuba.

Acerca de Albert Fonse 5 Artículo
Blogger. Creador de @LosMambises @cubadeluto y del Proyecto Cayó Romano. Exiliado. Anexionista 🇺🇸. Periodista y analista político. Libertad para mi hermano Roberto Pérez Fonseca

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