Cuba sigue a oscuras con 806 MW de disponibilidad

La Unión Eléctrica confirmó este martes que Cuba sigue hundida en el apagón, con apenas 806 MW disponibles para un país cuya demanda habitual supera los 3.000 MW. La cifra deja al descubierto un sistema eléctrico colapsado y vuelve a empujar a millones de cubanos a vivir entre cortes, calor y rutina interrumpida.

El dato oficial basta para entender la magnitud del derrumbe: con una disponibilidad tan baja, el servicio no alcanza ni para cubrir una fracción mínima de lo que necesita la isla. En la práctica, eso significa que la mayor parte del territorio permanece sin electricidad o arrastra apagones prolongados, mientras la vida diaria queda secuestrada por una red incapaz de sostenerse.

La propia UNE admitió que Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo seguían sin conectarse al sistema eléctrico, al tiempo que en La Habana apenas se había restablecido el servicio en el 50 por ciento de la capital. El resto del país carga con la misma factura: barrios a oscuras, hogares paralizados y actividades básicas reducidas al margen de una generación eléctrica cada vez más débil.

El anuncio de que en la noche podría entrar la Unidad 1 de la central termoeléctrica Lidio Ramón Pérez, en Felton, Holguín, apenas ofrece un alivio precario. Esa planta pertenece a una de las zonas más castigadas por la crisis y también a una región donde la falta de electricidad ha provocado fuertes protestas. La dependencia de una sola unidad para respirar unas horas dice mucho del estado real del sistema.

La avería masiva en las termoeléctricas y el nivel mínimo de generación confirman un fracaso que el régimen intenta maquillar con partes oficiales, pero que ya golpea a toda la isla sin distinción. La oscuridad afecta a familias, hospitales, escuelas y pequeños negocios, y expone una vez más la incapacidad del aparato estatal para garantizar un servicio básico.

Lo que ocurre en Cuba no responde a una contingencia pasajera. Es la imagen de un país administrado por una estructura que dejó caer su red eléctrica y convirtió el apagón en parte de la vida nacional. Cuando la disponibilidad baja por debajo de los 1.000 MW en pleno día, el régimen no administra una crisis: administra el derrumbe.

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