Villa Clara recurre a triciclos eléctricos para recoger basura

Villa Clara tuvo que sumar 10 triciclos eléctricos a la recogida de desechos en Santa Clara porque no alcanza el combustible para sostener el servicio con camiones. La medida confirma hasta dónde ha caído un sistema básico que, en cualquier país funcional, debería depender de logística estable y no de inventos de emergencia.

El intendente Yansi Díaz Jiménez dijo a CMHW que la ciudad necesita al menos 22 camiones diarios para cumplir con la limpieza urbana, una cifra muy por encima de la capacidad real que tiene la provincia. En la práctica, eso deja a barrios enteros expuestos a la acumulación de basura, a los malos olores y al avance de focos insalubres que ya forman parte del paisaje cotidiano en Cuba.

Las autoridades locales buscan apoyo en delegados del Poder Popular, proyectos de desarrollo local y mipymes para contener un problema que el régimen no ha sabido resolver con recursos, mantenimiento ni combustible. La escena retrata con crudeza el derrumbe de servicios elementales en la Isla: cuando falta diésel, faltan camiones; cuando faltan camiones, la basura se queda en la calle; cuando la basura se queda, llega la enfermedad y se hunde todavía más la vida en los barrios.

La crisis sanitaria se ha agravado en los últimos años y no se limita a Villa Clara. El propio texto oficialista admite que la acumulación de residuos ya desborda contenedores y multiplica microvertederos en calles y esquinas de toda la Isla, con un impacto directo en la calidad de vida de la población. Lo que antes podía presentarse como descuido municipal hoy es una consecuencia visible del fracaso económico y administrativo del régimen.

Mientras tanto, la funcionaria del Minrex Johana Tablada trató de minimizar la magnitud del desastre al decir que Cuba no es el país que más basura tiene en el mundo y que el problema tampoco sería exclusivo de la Isla. Ese argumento choca con la realidad que viven los cubanos en barrios céntricos y periféricos, donde los desechos se amontonan durante días, convierten las esquinas en vertederos improvisados y dejan al descubierto una precariedad que el aparato oficial intenta maquillar con comparaciones absurdas.

En Santa Clara, los triciclos eléctricos apenas alivian un colapso más grande. La respuesta improvisada del régimen no resuelve el fondo del problema: una economía sin combustible, una infraestructura degradada y una gestión pública incapaz de garantizar lo más básico. En Cuba, hasta recoger la basura terminó convertido en un síntoma del abandono estatal.

Acerca de Redacción 4173 Artículo
Publicamos noticias, crónicas y reportajes de actualidad cubana. Nos define la integridad periodística, la veracidad y la calidad de nuestra información.

Sé el primero en comentar

Deja una respuesta