Cuba suma apagones por encima del pronóstico oficial de la UNE

La crisis eléctrica en Cuba volvió a dejar al desnudo la impotencia del régimen para sostener un servicio básico. El martes, el país pasó 24 horas completas con interrupciones y arrastró la madrugada siguiente bajo un sistema que sigue operando al borde del colapso, con apagones más extensos de los que la propia Unión Eléctrica reconoce en sus partes.

A las 8:30 de la noche, la afectación máxima llegó a 1.821 megavatios, una cifra que superó el pronóstico oficial. En la mañana siguiente, la UNE admitió una disponibilidad de apenas 2.010 MW frente a una demanda de 2.920 MW, con 950 MW ya comprometidos por déficit de generación. Para el mediodía, la empresa calculó cortes de unos 900 MW, y en el horario pico nocturno proyectó un faltante de 1.640 MW que dejaría una afectación cercana a los 1.710 MW.

El deterioro del sistema responde a una mezcla conocida y devastadora: plantas termoeléctricas viejas, averías acumuladas, mantenimiento atrasado y falta de combustible. La unidad 2 de la termoeléctrica Felton sigue fuera de servicio; también permanecen en mantenimiento la unidad 2 de Santa Cruz y la unidad 4 de Carlos Manuel de Céspedes, en Cienfuegos. A eso se suman 554 MW perdidos por limitaciones técnicas.

La generación distribuida tampoco salva la jornada. La falta de combustible y lubricante dejó 53 centrales fuera de servicio, con 320 MW comprometidos, mientras otros 113 MW quedaron indisponibles por déficit de lubricante. En total, 433 MW quedaron paralizados solo por esa causa. Ni siquiera la propaganda sobre los 31 parques solares fotovoltaicos, que aportaron 2.482 MWh y un máximo de 482 MW al mediodía, logra disimular la magnitud de la caída.

La Habana también sufrió el golpe. La Empresa Eléctrica capitalina informó cortes durante ocho horas y reconoció una afectación máxima de 173 MW a las 8:30 de la noche. El servicio regresó pasada la 1:49 de la madrugada, confirmando que ni la capital ni sus zonas priorizadas quedan a salvo del derrumbe energético que castiga al país entero.

El balance oficial repite una verdad que el régimen intenta maquillar con cálculos y partes diarios: el sistema eléctrico cubano no ofrece estabilidad, no cubre la demanda y no tiene capacidad para responder a la rutina del país. Cada avería, cada falta de combustible y cada decisión aplazada se traduce en más oscuridad para una población que vive entre la incertidumbre, el calor y la ruina doméstica que dejan los apagones.

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