Policía decomisa medicinas en Santiago mientras siguen vacías las farmacias

La policía volvió a caerle encima a una salida improvisada por la propia gente para sobrevivir a la falta de medicamentos en Cuba. En Santiago de Cuba, un operativo en una vivienda del reparto Los Cangrejitos terminó con el decomiso de fármacos que durante años habían servido de alivio para decenas de familias abandonadas por las farmacias estatales.

La denuncia la hizo el periodista independiente Yosmany Mayeta Labrada en Facebook. Según su reporte, las fuerzas policiales entraron en una casa de la Avenida del Puerto #2A, a pocos metros del Hospital Militar Joaquín Castillo Duany. Allí residían personas conocidas en la comunidad por vender medicinas traídas del exterior, incluida Haití, en un comercio informal levantado sobre la escasez crónica y el derrumbe de la red oficial.

Los vecinos descritos en la publicación hablaron de un punto de apoyo obligado, no de un negocio cualquiera. Médicos de la zona, siempre según esos testimonios, enviaban pacientes hacia allí porque en las farmacias del Estado los medicamentos “siempre están en falta”. Un residente fue más lejos y dejó al desnudo la realidad cotidiana: gracias a ellos, dijo, la gente podía acceder a medicinas porque el Estado cubano no dispone de ninguna.

El decomiso expone la respuesta habitual del régimen ante sus propios fracasos: perseguir al que resuelve, mientras deja intacta la causa del problema. La venta informal no tiene control sanitario ni certificación, pero para miles de cubanos se ha convertido en la única vía para conseguir tratamientos que el sistema oficial no entrega.

La escasez reconocida por las propias autoridades confirma la magnitud del colapso. En 2024, el Ministerio de Salud Pública admitió que más del 70 % del cuadro básico de medicamentos estaba en falta. De los 651 productos que lo integran, alrededor de 400 deben producirse en el país y el resto importarse, pero apenas unos 300 estaban disponibles en la red de farmacias, con una cobertura inferior al 30 % de la demanda.

Mientras el régimen criminaliza esos circuitos de supervivencia, la población sigue atrapada entre dos salidas igual de brutales: el mercado informal o el desamparo. El caso de Los Cangrejitos retrata esa Cuba donde la policía actúa con rapidez para decomisar medicinas, pero el Estado no garantiza las que el pueblo necesita para vivir.

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