Vecinos de Baire protestan tras más de 30 horas sin luz

Los vecinos de Baire, en el municipio Contramaestre, Santiago de Cuba, salieron a la calle la noche de este jueves para denunciar apagones prolongados, falta de agua potable y el deterioro brutal de la vida cotidiana bajo el régimen.

La protesta estalló después de más de 30 horas sin electricidad y en medio de un brote de arbovirosis que agrava la crisis sanitaria en la zona. Según la activista Lara Crofs, los manifestantes se dirigían hacia la estación de policía del poblado mientras reclamaban respuestas por la situación que padecen a diario.

Los videos difundidos en redes sociales muestran a los vecinos golpeando calderos y lanzando consignas como “¡Libertad!” y “¡No tenemos miedo!”. La movilización comenzó alrededor de las 7:40 p.m., de acuerdo con el reporte del periodista independiente Yosmany Mayeta Labrada, uno de los primeros en informar sobre lo ocurrido.

Las primeras concentraciones surgieron en los barrios La Salada, El Transformador y Avicinia, donde decenas de personas se sumaron de manera espontánea para reclamar electricidad, agua, alimentos y un mínimo de alivio frente a la crisis económica que asfixia al país. Una vecina citada en el reporte aseguró que la gente salió cansada, con sus calderos, y llegó hasta el parque, donde ya estaban desplegadas fuerzas de la Policía, la Seguridad del Estado, motos y un carro de bomberos.

El régimen respondió como acostumbra: cortó el acceso a Internet en todo el municipio para frenar la difusión de imágenes y testimonios. La conexión regresó unos 30 minutos después, lo suficiente para que varios residentes documentaran parte de la protesta.

Los manifestantes evitaron la carretera principal y avanzaron por calles interiores para esquivar los retenes. Recorrieron la Avenida 8, gritaron frente a la unidad de la Policía, donde vive el presidente del Consejo Popular, y siguieron por la Avenida Central hasta el busto de José Martí, en el Parque Central de Baire.

Pasada la medianoche, la zona seguía bajo fuerte vigilancia. Patrullas, agentes uniformados y oficiales vestidos de civil rodeaban el parque y sus alrededores mientras los vecinos miraban desde sus casas el despliegue represivo. El episodio vuelve a mostrar cómo los apagones, la escasez y la falta de servicios básicos siguen empujando a la población cubana a la calle, pese al cerco policial y a la censura con que el régimen intenta contener el descontento.

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