Donald Trump calificó como “un gesto muy importante e inteligente” la liberación de un número significativo de presos políticos en Venezuela, en medio del giro político que siguió a la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses. Desde su cuenta en Truth Social, el presidente de Estados Unidos también anunció la cancelación de una segunda oleada de ataques militares que ya estaban previstos contra el país sudamericano.
Trump presentó las excarcelaciones como una señal de distensión y aseguró que forman parte de una búsqueda de la paz. La lectura de Washington coincide con el momento de mayor presión sobre el chavismo, ya despojado de su jefe y obligado a mover ficha ante una crisis política que se agrava con cada decisión tomada desde el poder.
Las autoridades venezolanas confirmaron el inicio del proceso. Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, dijo en televisión que el gobierno bolivariano y las instituciones del Estado habían decidido poner en libertad a un número importante de personas venezolanas y extranjeras. En su discurso, trató de vestir la medida como un aporte a la pacificación nacional y a la prosperidad del país.
Entre los liberados se encontrarían cinco ciudadanos españoles, según confirmó el Ministerio de Exteriores de España, junto a decenas de presos venezolanos. La cifra, sin embargo, queda corta frente a la dimensión real del abuso político acumulado por el aparato represivo chavista.
Foro Penal, organización que documenta la represión en Venezuela, advirtió que todavía hay al menos 863 personas encarceladas o perseguidas por razones políticas. Su director, Alfredo Romero, reclamó una amnistía general y dejó claro que una liberación parcial no resuelve el daño hecho ni borra los crímenes de lesa humanidad cometidos desde el poder.
La Plataforma Unitaria Democrática también exigió la liberación de todos los presos políticos, el cese de la represión y el desarme de los grupos irregulares que amenazan la convivencia ciudadana. Su pronunciamiento retrata el fondo del problema: la dictadura chavista dejó un país asfixiado por la persecución, el miedo y la violencia política.
En declaraciones posteriores, Trump afirmó además que en Caracas se estaría cerrando una “cámara de tortura”, en referencia a un centro señalado durante años por organizaciones de derechos humanos como epicentro de abusos sistemáticos. El mandatario dijo también que, gracias a esta cooperación, canceló la segunda ola de ataques prevista contra Venezuela y sostuvo que ambos países avanzan en la reconstrucción de la infraestructura petrolera y gasífera.
El cuadro que deja este episodio es claro: la presión externa arrancó excarcelaciones, pero el poder chavista sigue arrastrando el peso de una represión brutal. La libertad de presos políticos en Venezuela aparece así como un paso relevante, aunque todavía insuficiente, en un país donde la exigencia de justicia sigue siendo tan urgente como la ruptura definitiva con el régimen que sembró la cárcel como método de gobierno.

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