Air France dejó en pausa su ruta entre París y La Habana a partir de finales de marzo y hasta mediados de junio por la escasez de combustible que golpea a Cuba y sigue desarmando la conectividad aérea de la isla. La suspensión afecta uno de los pocos enlaces directos con Europa y confirma hasta qué punto el colapso energético del régimen ya no se limita a los apagones y la vida diaria: también paraliza el turismo, el transporte y la entrada de divisas.
La aerolínea explicó que la decisión responde a la falta de carburante en Cuba y al impacto que esa carencia tiene sobre la actividad económica y turística. Antes de llegar a ese extremo, algunos vuelos ya tenían que hacer una parada técnica en Bahamas para repostar, porque en la isla no podían cargar combustible. Esa imagen resume el deterioro: un país que ni siquiera puede sostener con normalidad una ruta internacional que debería funcionar como carta de presentación ante el mundo.
La empresa opera tres vuelos semanales hacia La Habana con aviones Boeing 787 y ofreció a los pasajeros cambio de fecha, vale o reembolso íntegro sin gastos. La reanudación quedó prevista para el 15 de junio, siempre que mejore la situación energética. Pero el propio calendario deja claro que la crisis no es pasajera ni aislada. Está atada a un sistema que ha llevado el suministro de combustible a un punto de asfixia y que ahora obliga a aerolíneas extranjeras a revisar operaciones enteras.
Air France no está sola. Otras compañías, entre ellas Air Canada, WestJet, Air Transat, Rossiya y Nordwind, ya han reducido o suspendido sus vuelos hacia la isla por el mismo motivo. La alerta oficial extendida por las autoridades aeronáuticas cubanas para todos los aeropuertos internacionales, junto con la restricción prolongada hasta abril de 2026, confirma que el problema no tiene arreglo inmediato. El régimen intenta administrar la crisis con parches, pero la escasez de Jet A-1 ya está afectando una de las pocas áreas donde todavía intentaba proyectar normalidad.
La suspensión de Air France golpea más allá del sector aéreo. Aísla todavía más a los cubanos, encarece los viajes, complica el regreso de la diáspora y hunde una industria turística que sobrevive a fuerza de propaganda y precariedad. También deja en evidencia el costo político de una economía incapaz de garantizar combustible ni para sostener sus propios aeropuertos. Mientras La Habana repite discursos sobre recuperación y resistencia, las aerolíneas están tomando decisiones de negocio basadas en una realidad mucho más dura: Cuba sigue sin energía suficiente para operar como un país normal.
Air France suspendió sus vuelos a La Habana por la escasez de combustible en Cuba, un golpe más al turismo, la conectividad y la economía de la isla.[8][

Sé el primero en comentar