Anna Bensi denuncia la represión contra su voz crítica en Cuba

Anna Sofía Benítez Silvente, conocida en redes como Anna Bensi, convirtió sus videos en una denuncia abierta contra la dictadura cubana y terminó pagando un precio que en la Isla ya es parte del castigo político cotidiano: desempleo, vigilancia y cortes del servicio. La joven habanera, de 21 años, ha ganado visibilidad por unos contenidos cada vez más frontales, nacidos primero de su frustración con el proceso para obtener su título de Técnico Superior en Prótesis Estomatológica y luego transformados en una crítica directa al sistema.

Su primer video se viralizó hace unos seis meses y abrió una etapa distinta. Desde entonces, sus publicaciones dejaron atrás el humor y la música para entrar de lleno en la realidad de un país hundido en la miseria, los apagones y la falta de oportunidades. Ella misma explica que decidió usar la influencia que tenía en redes para “alzar la voz”, una expresión que en Cuba ya implica desafiar al aparato represivo y asumir consecuencias. En su caso, la respuesta llegó rápido.

Benítez Silvente contó que perdió el empleo después de que su jefa recibiera una llamada de un oficial de la Seguridad del Estado preguntando por ella. Antes ya había sufrido interrupciones del servicio de telefonía e internet durante varias horas, además de la presencia sospechosa de motos y carros LADA frente a su edificio. La presión no se quedó en una advertencia informal: se tradujo en aislamiento, control y un mensaje claro de que la disidencia se castiga incluso cuando nace desde una cuenta personal.

La joven también reveló que, tras graduarse, le asignaron un puesto en Guanabacoa dentro del llamado servicio social, pero el salario de apenas tres mil pesos y el costo del transporte hacían imposible ejercer. Terminó buscando trabajo por cuenta propia en un negocio privado que no tenía relación con su especialidad, simplemente porque pagaba más. Su historia resume el derrumbe de la promesa oficial de estudio y empleo, aplastada por salarios indignos y una economía que obliga a sobrevivir como se pueda.

Vive con su madre en Alamar, La Habana, y ambas han cargado con el temor de que el régimen tome represalias más duras. Su familia está dividida, aunque su madre y su hermana la apoyan. La hermana, residente en Estados Unidos, ha sido decisiva para que pueda contar con lámparas, micrófono y trípode para grabar. Ese respaldo familiar contrasta con el rechazo de otros parientes, que le piden que no se meta “en eso”, como si callar fuera una salida digna en una dictadura que exige obediencia.

Anna Bensi insiste en que sus videos buscan crear conciencia, sobre todo entre los jóvenes, y que cada publicación es también una forma de liberarse. Dice que en Cuba todo está politizado: la falta de corriente, la comida que no alcanza, el desempleo, la imposibilidad de ejercer la profesión para la que estudió. A sus 21 años, sostiene una postura clara y la asume sin rodeos: el país necesita libertad y cambio. En una Isla donde la censura, la vigilancia y la presión laboral siguen siendo herramientas del poder, su voz se ha convertido en otro testimonio incómodo para el régimen.

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