Los apagones cubrirán el 53 % de Cuba este domingo

Los apagones volverán a golpear este domingo a más de la mitad de Cuba en el horario de mayor consumo, con una afectación estimada del 53 % del territorio nacional. La cifra, divulgada por la estatal Unión Eléctrica, confirma que la crisis energética ya dejó de ser un sobresalto ocasional para convertirse en una rutina de colapso que castiga hogares, escuelas, hospitales y cualquier intento de actividad normal en la isla.

La propia UNE prevé para la tarde-noche una capacidad de generación muy por debajo de la demanda y calcula un déficit de 1.648 megavatios. En la práctica, eso significa más cortes forzados y más horas de oscuridad para una población que lleva meses viviendo entre interrupciones prolongadas, jornadas de 20 horas sin servicio y noches completas sin electricidad en amplias zonas del país.

El problema no nació de un incidente aislado ni de una avería puntual. Ocho de las 16 unidades termoeléctricas operativas siguen fuera de servicio por fallas o mantenimiento, mientras la generación distribuida permanece parada por falta de combustible. Ese cuadro desnuda el deterioro de un sistema eléctrico sostenido durante décadas con inversiones insuficientes, instalaciones envejecidas y una administración estatal incapaz de prevenir el derrumbe.

El régimen insiste en atribuir la crisis a las sanciones de Estados Unidos y a la llamada “asfixia energética”. Pero el propio cuadro técnico expuesto por la UNE muestra otra realidad: una infraestructura obsoleta, una red sobreexplotada y un sector completamente controlado por el Estado que no ha podido asegurar ni estabilidad ni combustible. La factura de esa ineficiencia cae otra vez sobre la población, que paga con apagones, parálisis económica y más precariedad cotidiana.

Las consecuencias ya se sienten en toda la vida del país. El Gobierno ha respondido con racionamiento de combustible, teletrabajo, clases semipresenciales en universidades y suspensión de actividades como la Feria del Libro de La Habana y congresos internacionales. Son medidas de emergencia que no resuelven el fondo del problema, solo administran la ruina mientras la economía sigue atascada y la vida pública se achica al ritmo del apagón.

La crisis eléctrica también ha vuelto a mostrar su peso político. Los cortes prolongados lastran una economía que se ha contraído más de 15 % desde 2020, según cifras oficiales, y han servido de detonante para las principales protestas de los últimos años. En Cuba, la oscuridad no solo apaga bombillos: también desnuda el fracaso de un modelo que prometió control total y terminó entregando apagones, escasez y más desesperación.

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