Apagones y comida escasa vacían las escuelas cubanas

Las escuelas cubanas se están quedando sin alumnos por dos golpes que ya forman parte de la rutina nacional: los apagones y la falta de alimentos. La inasistencia crece y deja otra señal del fracaso del régimen, que ni siquiera logra sostener el aula como espacio mínimo de estabilidad para las familias.

La ausencia de comida en las casas y de electricidad en los barrios empuja a muchos padres a tomar una decisión dura: mandar a los hijos sin garantía de almuerzo o dejar la escuela para otro día. En cualquier país con un gobierno responsable, esa sería una alarma de emergencia. En Cuba, se ha vuelto paisaje, mientras el aparato estatal sigue incapaz de resolver lo básico.

El daño va más allá de una jornada perdida. Cada asiento vacío recorta aprendizaje, rompe la disciplina escolar y convierte la educación pública en otro servicio deteriorado por la crisis general. La escuela, que debería dar amparo y rutina, termina absorbida por la escasez y el colapso energético que golpean a los hogares cubanos desde dentro.

La responsabilidad política cae sobre el régimen, que mantiene el control del país y a la vez deja que la miseria y los apagones entren hasta los salones de clase. La propaganda insiste en mostrar normalidad, pero la inasistencia de los estudiantes cuenta otra historia: la de un sistema que ya no puede garantizar ni comida ni luz para que un niño llegue y permanezca en la escuela.

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