El régimen volvió a admitir lo que los cubanos sufren a diario en casas, hospitales y barrios: la falta de diésel está hundiendo aún más la generación eléctrica. Lázaro Guerra Hernández, director general de Electricidad del Ministerio de Energía y Minas, reconoció en la televisión nacional que la generación distribuida quedó prácticamente fuera por ausencia de combustible, una confesión que confirma el deterioro del Sistema Eléctrico Nacional.
A ese golpe se suman cuatro unidades termoeléctricas averiadas y otras dos en mantenimiento. El resultado es el mismo de siempre: menos capacidad real de producción, más déficit y una población obligada a vivir pendiente del próximo apagón. La crisis ya no se disfraza con explicaciones técnicas ni con promesas de estabilización; se exhibe como un colapso sostenido que el aparato estatal apenas intenta administrar.
Este lunes, el sistema eléctrico operó con 1,360 MW de disponibilidad frente a una demanda de 2,150 MW, para un déficit inicial de 750 MW que siguió creciendo. La Unión Eléctrica anticipó una afectación de 1,905 MW en el horario pico, con averías en las termoeléctricas de Mariel, Felton, Antonio Maceo y Carlos Manuel de Céspedes, además de la falta de combustible que mantiene fuera de servicio más de 100 centrales distribuidas.
La Habana también quedó atrapada en ese apagón generalizado. La Empresa Eléctrica de la capital confirmó que la ciudad estuvo prácticamente a oscuras desde las 6:39 p.m. del domingo y que la máxima afectación llegó a 359 MW a las 6:20 p.m., con cinco de los seis bloques de distribución paralizados. El servicio no se restableció por completo hasta pasada la medianoche, después de más de seis horas seguidas sin corriente.
En su propia información, la empresa reconoció que no pudo cumplir la programación anunciada por la baja disponibilidad de generación base y que se sumaron 100 MW de emergencia. También dejó caer la amenaza habitual: si el SEN no mejora, volverán los apagones fuera del plan, los circuitos afectados “por emergencia” y la vida cotidiana sometida a la oscuridad que impone un régimen incapaz de sostener el país ni siquiera en lo básico.

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