Dos barcos mexicanos llegaron este jueves al puerto de La Habana con más de 800 toneladas de ayuda humanitaria para una Cuba hundida en la escasez, los apagones y el desorden económico que ya obliga al régimen a racionar combustible y recortar servicios básicos. El gesto de México alivia una urgencia inmediata, pero también deja al descubierto la fragilidad de un país que depende cada vez más de donaciones externas para sostener lo elemental.
Los buques Papaloapan e Isla Holbox entraron con leche líquida y en polvo, productos cárnicos, galletas, frijol, arroz y artículos de higiene personal. Según el gobierno mexicano, aún quedan más de 1.500 toneladas de leche en polvo y frijol por enviar. Mientras tanto, Miguel Díaz-Canel agradeció públicamente la asistencia y trató de presentarla como una prueba de “solidaridad” entre ambos países, una fórmula útil para la propaganda oficial en medio del derrumbe interno.
La llegada de esa carga ocurre cuando el régimen cubano ha empezado a imponer medidas de emergencia por la falta de combustible: semana laboral de cuatro días en la administración, teletrabajo, clases universitarias a distancia y menor presencia de personal en hospitales y policlínicos. El propio ministro de Salud reconoció que la escasez de gasolina ya golpea la actividad quirúrgica y reduce la atención presencial en centros médicos. En una isla donde el Estado controla casi todo, la falta de combustible paraliza también la vida cotidiana.
El cuadro es aún más revelador porque Chile y Rusia también prometieron asistencia. En Santiago, el gobierno saliente de Gabriel Boric confirmó que enviará ayuda “más allá de las características políticas que pueda tener su régimen”, y Moscú dejó entrever que podría suministrar petróleo y derivados como ayuda humanitaria. La lista de donantes confirma una realidad incómoda para La Habana: el modelo castrista ya no sostiene por sí solo ni el abastecimiento mínimo y sobrevive a golpe de auxilios, favores y propaganda exterior.
La crisis cubana lleva seis años profundizándose, con inflación, apagones prolongados, falta de alimentos y medicinas, y una economía centralizada incapaz de responder. El texto también apunta al efecto combinado del endurecimiento de las sanciones de Estados Unidos, la baja productividad del sistema y el colapso del turismo, además de la brusca suspensión del suministro de crudo desde Venezuela, que fue durante años el principal sostén energético de la isla. Ese derrumbe no puede maquillarse con discursos sobre resistencia ni con agradecimientos en redes sociales.
Desde Ginebra, un grupo de relatores especiales de derechos humanos advirtió que interferir en las importaciones de combustible puede provocar una crisis humanitaria con efectos en cadena sobre los servicios esenciales. El señalamiento vuelve a poner presión sobre la situación cubana, pero también subraya la responsabilidad del régimen, que ha llevado al país a una dependencia extrema por su fracaso económico y su incapacidad para administrar recursos básicos sin castigar a la población.

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