Al menos cinco personas fueron detenidas en Morón, en el centro de Cuba, después de una protesta contra los apagones prolongados y la falta de comida que terminó frente a la sede municipal del Partido Comunista. La jornada dejó además reportes de heridos, daños en instalaciones estatales y horas de incomunicación móvil en la ciudad.
La protesta arrancó la noche del viernes, cuando varios centenares de vecinos salieron a la calle tras pasar más de un día entero sin electricidad. En medio de la oscuridad, caminaron con los teléfonos encendidos y golpeando cazuelas, una escena que ya resume la desesperación cotidiana de una isla hundida por la crisis energética y el desabastecimiento. Los gritos que se escucharon en las calles fueron directos: “¡Corriente y comida!”, “¡Libertad!”, “¡Pongan la corriente!” y “¡Abajo la dictadura!”.
La marcha llegó hasta la sede local del PCC, único partido legal, donde el reclamo ciudadano chocó con la respuesta del poder. Según los reportes, un grupo reducido lanzó piedras contra el inmueble, entró al edificio y provocó destrozos, mientras frente a la puerta se encendía una hoguera con materiales extraídos del interior. La tensión subió hasta que equipos especiales del Ministerio del Interior cargaron contra los presentes y comenzaron las detenciones.
La reacción del aparato represivo volvió a ser la misma de siempre: fuerza, arrestos y oscuridad informativa. Durante horas, la cobertura móvil en Morón dejó de funcionar y la ONG Justicia 11J denunció un posible apagón de internet en la localidad. En paralelo, el medio oficial Invasor admitió “afectaciones” en una farmacia y en una tienda estatal Caribe, dos espacios que reflejan la precariedad diaria de los cubanos y la incapacidad del régimen para sostener servicios básicos con normalidad.
Lo ocurrido en Morón revela hasta qué punto los apagones y el hambre han dejado de ser una molestia para convertirse en detonantes de protesta abierta. La calle respondió donde el Estado no da respuestas, y la respuesta del régimen fue la represión, la censura y el control. En Cuba, cuando la población sale a reclamar corriente y comida, el poder sigue leyendo la miseria como un problema de orden público.

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