El viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, negó este miércoles que existan conversaciones secretas o de alto nivel entre La Habana y Washington para pactar una transición en Cuba, en medio de versiones que apuntan a supuestos contactos discretos con familiares de figuras del poder.
El funcionario del régimen descalificó esas versiones como “chismes” y las presentó como una cortina de humo para desviar la atención de la crisis energética que golpea a la isla. En su respuesta, insistió en que la responsabilidad del colapso sigue estando en Estados Unidos y en la política de sanciones de Donald Trump contra los países que exporten combustible a Cuba.
Fernández de Cossío también admitió que no existen “conversaciones de alto nivel” entre La Habana y Washington, aunque reconoció la existencia de “intercambios de mensajes”. Esa frase deja al descubierto un punto sensible: el régimen niega cualquier negociación política mientras mantiene canales informales abiertos, en un país donde la falta de combustible, los apagones y la escasez ya forman parte de la rutina de millones de cubanos.
Las versiones que el viceministro intentó desmontar señalan al coronel Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro, como presunto interlocutor en contactos con representantes de la CIA y funcionarios estadounidenses en México. No han sido confirmadas oficialmente, pero el ruido que generaron revela la tensión que rodea al poder cubano y la fragilidad de un sistema que busca controlar el relato aun cuando la crisis interna lo desborda.
En lugar de asumir la responsabilidad por el desastre económico y energético, Fernández de Cossío volvió al libreto de siempre: culpar a Washington, hablar de “bloqueo” y presentar al régimen como víctima. Esa línea defensiva sirve para ocultar la dependencia que arrastra el país y la incapacidad del aparato estatal para dar respuestas reales a la población.
El viceministro, convertido en una de las voces más visibles de la cancillería, ha multiplicado en los últimos días sus intervenciones en medios internacionales para sostener el mismo mensaje. La ofensiva comunicacional busca blindar al poder de cualquier lectura sobre fracturas internas o posibles salidas negociadas, mientras en la calle el cubano común sigue pagando la factura del colapso.

Sé el primero en comentar