Walnier Aguilar cumple 26 años preso por el 11J

Walnier Luis Aguilar cumplió 26 años encerrado en una cárcel del régimen, lejos de su familia y castigado por haber salido a protestar el 11 de julio de 2021 en La Habana. Su padre, Wilber Aguilar, volvió a denunciar públicamente el caso al recordar que el joven sigue pagando con prisión una manifestación que el poder trató como delito y no como un estallido de hartazgo ciudadano.

La fecha llegó sin fiesta ni encuentro familiar. Llegó, otra vez, como llegan los cumpleaños de tantos presos políticos cubanos: entre barrotes, traslados y silencio impuesto. La denuncia del padre deja claro el costo humano de la represión: una familia partida, un hijo apartado de su entorno y una condena que el régimen sostiene como castigo ejemplarizante para quienes se sumaron al 11J.

Wilber Aguilar contó que su hijo está a más de 300 kilómetros de distancia, actualmente en Sancti Spíritus, después de pasar por otros centros penitenciarios, entre ellos Agüica, en Matanzas. Ese recorrido carcelario no solo agrava el sufrimiento familiar; también revela una práctica conocida del sistema penitenciario cubano: dispersar a los reclusos para dificultar la visita, el acompañamiento y la presión pública sobre los abusos dentro de las prisiones.

El padre denunció además que las autoridades han presionado al joven para que firme documentos contra su voluntad, a pesar de su condición médica. Según explicó, Walnier tiene retraso mental y una lesión en el cerebro, una situación que vuelve todavía más grave cualquier intento de forzarlo dentro de un sistema que opera sin transparencia ni garantías reales para los presos políticos.

La denuncia no quedó encerrada en la familia. En enero pasado, el propio Wilber Aguilar hizo pública esa presión penitenciaria, y meses antes la Embajada de Estados Unidos en Cuba alertó sobre el abuso y el trato que recibe Walnier, al igual que el de otros centenares de cubanos que siguen encarcelados de forma injusta. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos también intervino en 2025 y otorgó medidas cautelares a la familia ante las amenazas y represalias denunciadas.

El caso de Walnier resume lo que el régimen intenta normalizar desde el 11J: prisión para el disenso, castigo prolongado para la protesta y sufrimiento extendido a la familia. Cada cumpleaños dentro de una celda confirma que en Cuba la represión no termina con la sentencia; continúa en el encierro, en los traslados y en la presión sobre los más vulnerables. Para los Aguilar, la celebración sigue suspendida hasta que llegue la libertad.

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