Cuba tantea el guion venezolano para ganar oxígeno

La Habana mira a Venezuela como una salida posible para aflojar la presión económica sin tocar el núcleo del poder. El régimen cubano observa un camino ya probado en Caracas: concesiones puntuales, alivio parcial de sanciones y una apertura limitada que le permita ganar tiempo sin desarmar su control político.

El modelo que ahora asoma parte de una secuencia conocida. En Venezuela se han movido liberaciones parciales de presos políticos, apertura del sector petrolero y cierta flexibilización regulatoria a cambio de reducción de sanciones, acceso a mercados y una interlocución menos tensa con Washington. Para La Habana, esa fórmula aparece como una referencia cercana en medio de una crisis interna que aprieta por todos lados.

La comparación deja al descubierto la lógica del castrismo: negociar cuando el desorden económico ya no se puede esconder. No hay señal de reforma de fondo ni de voluntad democrática en ese cálculo. Hay necesidad de oxígeno, y el régimen intenta encontrarlo sin pagar el costo político de abrir el país.

El borrador sitúa además una condición que complica cualquier maniobra propagandística de la Plaza de la Revolución: un acercamiento real con Estados Unidos dependería de avances verificables en derechos humanos y apertura política. Eso deja fuera la retórica oficial y obliga a mirar el problema donde está, en la represión interna, en el cierre a la sociedad civil y en la negativa a soltar a los presos políticos de manera plena.

En esa hoja de ruta aparecen medidas que el poder cubano no puede presentar como simples gestos. La liberación de presos políticos, una amnistía para delitos políticos no violentos, mayor espacio para el sector privado y reformas jurídicas sobre prensa, asociación y reunión implican tocar mecanismos que sostienen la dominación estatal. A cambio, el régimen buscaría alivio comercial, acceso a financiamiento externo, salida de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo y suspensión del Título III de la Ley Helms-Burton.

La maniobra revela una apuesta vieja: abrir la economía sin abrir la sociedad. Ese es el verdadero centro del asunto. Un sistema que ha administrado la escasez, la censura y el castigo político quiere vender ahora concesiones calculadas como si fueran una ruta de normalización, cuando en realidad responden a la asfixia acumulada del país y al desgaste del modelo.

La comparación con Venezuela también deja sobre la mesa la arista jurídica del conflicto. Aparecen las propiedades confiscadas desde 1959, las reclamaciones pendientes y los casos de estadounidenses perseguidos por la justicia de su país. Nada de eso es menor para un régimen que construyó su poder sobre la expropiación, la arbitrariedad y el uso político de la ley.

Lo que queda claro para Cuba es que cualquier alivio sin cambios reales terminará apuntalando el mismo aparato que ha empobrecido al país. El castrismo puede intentar copiar el guion venezolano, pero no puede borrar su responsabilidad en la ruina cubana ni esconder que solo se mueve cuando la presión externa e interna le cierra el paso.

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