La crisis de combustible en Cuba obliga a aerolíneas a cancelar y reprogramar vuelos

La falta de combustible en Cuba ya no se mide solo en apagones, colas o penurias cotidianas. Esta vez golpea de frente la aviación comercial y deja en evidencia hasta qué punto el régimen ha perdido capacidad para sostener servicios básicos en un país convertido en punto de riesgo para cualquier operación aérea.

La advertencia lanzada por las autoridades cubanas, incapaces de garantizar el abastecimiento a las aeronaves desde el lunes, desató una cadena de cancelaciones, desvíos y cambios de itinerario que afectó a compañías de Rusia, Canadá, España, Venezuela y México. En la práctica, la isla quedó expuesta como un destino inestable, donde ni los aeropuertos pueden ofrecer seguridad logística elemental.

Las aerolíneas rusas Rossiya y Nordwind confirmaron la suspensión temporal de sus vuelos tras evacuar a los turistas que permanecían en Cuba. La agencia aeronáutica civil rusa Rosaviatsia explicó que la medida respondió a las dificultades para abastecer combustible en los aeropuertos cubanos. En los próximos días, los vuelos se concentrarán en el regreso desde La Habana y Varadero hacia Moscú, con el objetivo de sacar a los pasajeros rusos atrapados por la crisis.

El golpe alcanzó también al negocio turístico ruso. Pegas Touristik suspendió la venta de nuevos paquetes a la isla y, según estimaciones oficiales, unos 4.000 turistas rusos siguen varados en Cuba. Desde Moscú, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, describió la situación como “realmente crítica” y confirmó contactos con las autoridades cubanas para buscar alguna salida al problema.

Canadá tomó una decisión todavía más drástica. Air Canada suspendió todos sus vuelos a la isla y anunció operaciones especiales de repatriación para cerca de 3.000 pasajeros canadienses varados. Para esos traslados, la aerolínea enviará aviones vacíos a Cuba, cargará combustible adicional en Canadá y hará escalas técnicas si hace falta. La suspensión afectó sus rutas desde Toronto y Montreal hacia Jardines del Rey, Holguín, Varadero y Santa Clara, con una media de 16 frecuencias semanales.

El gobierno canadiense, además, advirtió a sus ciudadanos que extremen precauciones al viajar a Cuba por la escasez de electricidad, combustible y bienes esenciales, y por la posibilidad de alteraciones repentinas en los vuelos. Esa advertencia confirma lo que en la isla ya se vive como norma: un país sin estabilidad material y con un aparato estatal incapaz de garantizar previsibilidad a residentes y visitantes.

Las aerolíneas españolas optaron por seguir operando, aunque a costa de complicar aún más sus rutas. Air Europa e Iberia ajustaron su logística para que los vuelos desde La Habana a Madrid hagan una parada técnica de repostaje en Santo Domingo ante la falta de combustible en la capital cubana. Air Europa aplicará la medida, al menos, hasta el viernes, con retrasos en la llegada a Madrid. Iberia, por su parte, activó una política de flexibilidad tarifaria para permitir cambios a sus clientes si la situación empeora.

Las compañías mexicanas mantuvieron la conectividad, pero blindando sus operaciones con combustible extra cargado fuera de Cuba. Aeroméxico y VivaAerobus aseguraron que continuarán volando “con normalidad”, aunque con rutas y frecuencias sostenidas a costa de medidas logísticas que ninguna aerolínea adopta por gusto. Cuando la operación depende de cargar más combustible antes de aterrizar en la isla, el mensaje es claro: Cuba ya no ofrece condiciones confiables para el transporte aéreo.

Conviasa, la aerolínea venezolana, también reprogramó sus vuelos entre Caracas y La Habana y explora escalas técnicas fuera de Cuba para garantizar el abastecimiento. La ruta sigue en pie, pero ajustada a una realidad que el régimen intenta maquillar y que el mercado internacional ya descuenta sin rodeos.

La crisis termina pegando donde más le duele al castrismo: el turismo. Rusia figura entre los principales emisores de visitantes a la isla, con 131.000 viajeros en 2025, solo por detrás de Canadá. Ahora ese flujo queda amenazado por la incapacidad del régimen para sostener el combustible necesario en los aeropuertos y por su costumbre de echarle la culpa a las sanciones de Estados Unidos mientras el deterioro interno se hace cada vez más visible.

El resultado es otro síntoma del derrumbe económico cubano: aerolíneas que se repliegan, turistas varados, rutas alteradas y autoridades obligadas a improvisar. La crisis del combustible no solo paraliza el transporte; también desnuda la fragilidad de un modelo que ha convertido la escasez en rutina y la improvisación en política de Estado.

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