Los turistas canadienses que han salido de Cuba en los últimos días dejaron detrás una escena más dura que unas vacaciones interrumpidas: trabajadores del turismo aterrados por la crisis de combustible, los apagones y la posibilidad de quedarse sin empleo. La isla, que el régimen vende como destino seguro y motor económico, exhibe otra realidad cuando falla la energía y el turismo queda a la deriva.
El Calgary Herald recogió testimonios de viajeros sorprendidos por la suspensión de vuelos y el cierre de instalaciones turísticas. Ashley Cardinal, una turista de Calgary, contó que los empleados locales estaban “asustados por lo que está por venir” y preocupados porque las cancelaciones “los están perjudicando seriamente”. Su relato deja ver el miedo de una fuerza laboral que depende del turismo para comer y que queda expuesta cada vez que el sistema se rompe.
Cardinal dijo además que, antes de regresar, decidió entregar el dinero cubano que le quedaba a algunos trabajadores. Ese gesto resume la fragilidad de quienes viven de propinas y salarios miserables en una economía que no ofrece estabilidad ni respaldo. Cuando el combustible falta y la electricidad se cae, el golpe lo recibe primero el cubano de a pie, no la propaganda oficial.
El Toronto Star informó que Air Canada tenía unos 3,000 clientes en Cuba y Air Transat más de 6,500, mientras las aerolíneas enviaban aviones vacíos para repatriar pasajeros ante el aviso de que el combustible de aviación dejaría de estar disponible en aeropuertos cubanos. La escena retrata el deterioro de una infraestructura que el régimen no logra sostener y que termina arrastrando al sector más vendido de la isla.
Otro testimonio citado en ese reporte describió el caos en Varadero, donde los apagones provocaban que las computadoras se reiniciaran cada pocos minutos en el aeropuerto. Una viajera habló de “una tristeza en el aire” y confesó que evitaba tocar el tema con los empleados del hotel porque ellos iban a cargar con el golpe más fuerte. En esa diferencia entre el turista protegido y el trabajador desamparado queda expuesta la verdadera cara del colapso energético.
CityNews reportó un caso similar con un grupo de mujeres de Edmonton, que intentó buscar información sin éxito tras enterarse de las cancelaciones. Una de ellas aseguró que empleados del hotel les explicaron que llevaban dos semanas sin electricidad en sus casas y que muchos no sabían “qué les va a pasar” ni “si tendrán trabajo” en los próximos días. El miedo laboral, en Cuba, vuelve a depender del apagón y de la improvisación oficial.
Mientras tanto, el gobierno de Canadá elevó su nivel de advertencia y pidió evitar viajes no esenciales a Cuba, además de instar a sus ciudadanos a abandonar la isla mientras haya vuelos disponibles, según The Canadian Press. La advertencia confirma que la crisis ya no golpea solo al turismo: revela un país cada vez más hundido en el desorden, la escasez y el abandono que impone el régimen.
En redes sociales, muchos usuarios expresaron preocupación por los cubanos atrapados en ese derrumbe. Los turistas pueden reubicarse o recibir reembolsos; los trabajadores locales quedan frente al golpe directo, con menos empleo, más apagones y una crisis que sigue pasando factura a quienes sostienen la industria con su trabajo diario.

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