El Consejo de Defensa Nacional aprobó los planes y medidas para dar paso al Estado de Guerra, en una señal clara de cómo el régimen vuelve a apretar el discurso militarista en medio de la tensión con Estados Unidos.
La decisión fue divulgada por medios estatales y se apoyó en el concepto de la Guerra de todo el pueblo, una estrategia concebida por Fidel Castro en los años ochenta para movilizar a toda la población ante una supuesta agresión externa. El anuncio llegó sin detalles concretos sobre el alcance de esas medidas, pero sí con el peso político de una orden de preparación que coloca a la isla en un lenguaje de confrontación abierta.
La reunión tuvo lugar el sábado, dentro de las actividades previstas para el Día de la Defensa, y su objetivo declarado fue incrementar y perfeccionar el nivel de preparación y cohesión de los órganos de dirección y del personal. En la práctica, el régimen insiste en blindar su aparato de control bajo la excusa de una amenaza externa, mientras mantiene al país sometido a una lógica de movilización permanente.
La prensa oficialista también informó que Raúl Castro siguió el desarrollo de la actividad y la calificó como una buena y eficiente reunión. Miguel Díaz-Canel, que preside el Consejo de Defensa Nacional, volvió a colocarse el uniforme verde olivo reservado por la ley para estados de guerra, emergencia o movilización general. El gesto no es menor: refuerza la imagen de un poder que prefiere agitar el conflicto antes que rendir cuentas por la ruina interna.
Esta fue la segunda jornada consecutiva dedicada a la defensa después de la operación militar estadounidense del pasado 3 de enero. Los ejercicios incluyeron ensayos de emboscadas, instalación de minas, protección a la población, clases de sanidad militar, defensa contra armas de exterminio en masa, manejo del fusil AKM y técnicas de enmascaramiento, siempre según los reportes de la prensa estatal.
En paralelo, el régimen elevó el tono contra Washington después del ataque norteamericano a Caracas, donde murieron 32 militares cubanos. Sus restos llegaron a la isla el jueves y recibieron homenajes póstumos. Díaz-Canel aprovechó esos actos para endurecer todavía más la línea oficial y repetir que no hay rendición ni claudicación posible ante un posible ataque de Estados Unidos.
Ese lenguaje confirma una vieja práctica del castrismo: convertir la tensión externa en combustible político interno. Mientras la propaganda llama a la cohesión y al sacrificio, la dirección del país sigue apostando por la retórica de guerra para justificar su control sobre la sociedad y cerrar filas en torno al poder.

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