Rusia salió en defensa del régimen cubano y condenó las nuevas medidas de Washington contra La Habana, en un movimiento que vuelve a colocar a la isla en el centro de la disputa entre Moscú y Estados Unidos mientras la crisis energética golpea con más fuerza a los cubanos.
El Ministerio de Relaciones Exteriores ruso acusó a Washington de mantener “amenazas incesantes” contra Cuba y calificó de “ilegales” las sanciones reforzadas por la Casa Blanca. Según su comunicado, esas medidas han empujado a la isla “al borde de una crisis energética” y forman parte de una política que busca frenar su desarrollo y su relación económica con otros países.
La denuncia de Moscú llega después de que Donald Trump firmara, el 29 de enero, una orden ejecutiva para declarar una “emergencia nacional” frente a lo que su administración describe como una “amenaza inusual y extraordinaria” proveniente de Cuba. A partir de esa decisión, Washington anunció aranceles a los países que vendan petróleo a la isla y advirtió represalias contra quienes vayan contra esa línea.
En paralelo, la Casa Blanca volvió a endurecer el cerco sobre el país en momentos en que la economía cubana arrastra un colapso visible en los apagones, la escasez de combustible y el deterioro de los servicios básicos. La narrativa oficial del régimen insiste en responsabilizar al embargo estadounidense, pero la realidad cotidiana sigue mostrando un sistema incapaz de sostener por sí mismo la vida de millones de personas.
El canciller cubano Bruno Rodríguez viajó a Moscú la semana pasada y sostuvo reuniones con Vladímir Putin y Serguéi Lavrov. El Kremlin reconoció que la ayuda a Cuba estuvo sobre la mesa, mientras Putin describió como “inaceptables” las nuevas sanciones y aseguró que Rusia ha estado “siempre del lado” de la isla en su defensa del camino propio.
Lavrov también prometió que Moscú seguirá brindando apoyo a Cuba en la defensa de su soberanía y seguridad, al tiempo que insistió en que esa cooperación no representa una amenaza para Estados Unidos ni para ningún otro país. Rodríguez agradeció el “invariable apoyo” ruso frente al bloqueo y el “cerco energético”, y celebró el vínculo bilateral como histórico y fraterno.
El trasfondo de esta nueva pulseada es el mismo de siempre: una economía cubana asfixiada por las sanciones externas, pero también por décadas de control político, mala gestión y dependencia estructural de socios extranjeros para sobrevivir. El régimen vuelve a exhibir su fragilidad cuando necesita que otro país cargue con el costo de sostener una isla cada vez más hundida en la escasez.

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