Cuba acusa a Noboa de servir a Estados Unidos tras expulsión diplomática

La Habana respondió con dureza a la expulsión de sus diplomáticos en Ecuador y convirtió el choque con Daniel Noboa en una nueva denuncia contra el alineamiento de Quito con Washington. El canciller Bruno Rodríguez acusó al presidente ecuatoriano de mentir “cínicamente” y de actuar con “servilismo evidente” para complacer a Estados Unidos, después de que el mandatario defendiera la medida alegando supuesta injerencia cubana en actividades políticas y violentas.

El enfrentamiento deja al descubierto el deterioro de las relaciones entre ambos países y el uso político que el régimen cubano hace de cada pulso diplomático para presentarse como víctima de una agresión externa. La embajada cubana en Quito fue cerrada de forma inmediata tras la decisión del Ejecutivo ecuatoriano de expulsar a todo su personal diplomático, consular y administrativo en 48 horas. Esa reacción confirma que La Habana sigue tratando su red exterior como extensión de su aparato político, no como un servicio para los cubanos que viven fuera de la isla.

Noboa aseguró que tenía “evidencia suficiente” sobre la participación de personal cubano en actividades de disidencia y violentas. El Gobierno cubano rechazó esa versión y respondió con un comunicado en el que calificó la expulsión de arbitraria, injustificada, hostil, unilateral e inamistosa. En el centro del cruce quedó también la acusación de La Habana de que Ecuador viola el derecho internacional y la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas.

La disputa importa porque vuelve a exhibir el patrón habitual del castrismo: cada vez que un país cuestiona sus maniobras, el régimen se refugia en el lenguaje de la soberanía mientras evade cualquier rendición de cuentas. La denuncia de Rodríguez sobre el asalto a la embajada de México en Quito buscó reforzar esa línea, pero también recordó hasta qué punto La Habana utiliza la escena regional para sostener su discurso de confrontación política, aun cuando pierde margen diplomático.

En los hechos, Cuba termina pagando el costo de una política exterior marcada por la subordinación ideológica y la obsesión por influir fuera de sus fronteras. La expulsión de sus diplomáticos en Ecuador no resuelve de fondo ese problema, pero sí deja otra señal de aislamiento para un régimen que insiste en hablar de dignidad mientras acumula choques, censuras y fracasos en el terreno internacional.

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