Cuba afronta un lunes de apagones que dejarán al 58 % de la isla a oscuras

Cuba arranca otra jornada dominada por los apagones. Durante este lunes, los cortes eléctricos se extenderán por buena parte del país y, en el horario de mayor demanda, dejarán sin corriente a la vez a más de un 58 % de la isla, de acuerdo con los datos de la estatal Unión Eléctrica.

La magnitud del colapso confirma una crisis energética que el régimen no logra contener desde el verano de 2024. El problema nace de dos realidades que La Habana lleva años administrando con propaganda y excusas: la falta de divisas para importar suficiente petróleo y el deterioro de unas centrales termoeléctricas obsoletas, golpeadas por averías constantes.

Para la tarde-noche, la UNE calcula una generación de 1.405 megavatios frente a una demanda máxima de 3.280. La diferencia arroja un déficit de 1.875 megavatios y una afectación estimada de 1.905, una cifra que traduce con crudeza el tamaño del apagón que se impone para evitar un desorden mayor en el sistema.

El mapa energético de la isla está sostenido por parches cada vez más frágiles. Siete de las 16 unidades termoeléctricas operativas permanecen fuera de servicio por averías o mantenimiento. Esa fuente aporta de media alrededor del 40 % del mix energético del país, pero el aparato estatal la mantiene sin renovación real, acumulando roturas sobre roturas.

A esa precariedad se suman 101 centrales de generación distribuida y una central flotante de La Habana detenidas por falta de combustible, entre diésel y fueloil. Otras 15 permanecen paradas por la escasez de lubricantes. El resultado es el mismo de siempre: un país entero sometido a la improvisación, mientras el régimen controla cada anuncio y convierte la oscuridad en rutina nacional.

Expertos independientes sitúan el origen de la crisis en la infrafinanciación crónica de un sistema eléctrico que quedó totalmente en manos del Estado desde 1959. También estiman que harían falta entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para sanearlo, una inversión que el modelo centralizado ha sido incapaz de sostener.

La dictadura, por su parte, insiste en culpar a las sanciones estadounidenses y habla de “asfixia energética”. Pero la factura de fondo sigue sobre la mesa: una economía contraída, un sector eléctrico abandonado y una población que paga con apagones diarios el fracaso de un esquema que destruyó la capacidad del país para sostener algo tan básico como la luz.

Los cortes eléctricos ya lastran la economía, que según cifras oficiales se ha contraído más de un 15 % desde 2020. También han sido el detonante de las principales protestas de los últimos años, expresión del cansancio social frente a un régimen que ha normalizado la penuria y convertido el colapso en política de Estado.

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