Cuba aplaza el Festival del Habano por la crisis petrolera

La Habana suspendió sin fecha el Festival del Habano, una de las vitrinas más rentables del país, después de que la crisis petrolera volviera a golpear con fuerza la vida cotidiana y la agenda económica del régimen. La decisión deja en pausa un evento que mueve millones de euros y que el oficialismo suele exhibir como prueba de éxito, aun cuando la realidad del país sigue marcada por apagones, racionamiento y servicios recortados.

Habanos S.A., distribuidora de 27 marcas premium, informó que la edición prevista del 24 al 27 de febrero queda postergada y que anunciará una nueva fecha más adelante. La medida corta de raíz una cita que cada año reúne a compradores y coleccionistas del tabaco cubano y que ha servido para vender una imagen de lujo en medio del deterioro general de la isla.

La suspensión golpea justo donde más incomoda al poder: en el contraste entre la abundancia que rodea a los grandes eventos del Estado y la escasez que sufre el cubano de a pie. El año pasado, la subasta del festival llegó a cifras récord, con un humidor conmemorativo vendido en 4,6 millones de euros y una recaudación total de 16,41 millones de euros en siete piezas, fondos que el Gobierno dice destinar al sistema de salud pública.

Ese mismo escaparate ya había dejado una imagen difícil de defender para el régimen: una cena en el Capitolio Nacional mientras buena parte del país seguía atrapada en apagones prolongados. La postal del privilegio oficial y el sacrificio ajeno volvió a quedar expuesta, esta vez por la imposibilidad de sostener un evento pensado para traer divisas en un país que no logra garantizar electricidad ni combustible de forma estable.

El golpe llega en medio del asedio petrolero impulsado por Washington, que cerró el flujo de crudo venezolano a Cuba el 3 de enero y luego anunció una orden presidencial para imponer aranceles a quien suministre combustible a la isla. Pero la fragilidad energética de Cuba no nace solo de esa presión externa: la respuesta del régimen sigue siendo la de siempre, administrar la penuria, recortar servicios y dejar al país pagando el costo de una estructura económica incapaz de sostener ni siquiera sus propios símbolos de prosperidad.

La postergación del Festival del Habano deja otra señal clara: cuando se aprieta el suministro de combustible, se cae también la máscara de normalidad que el poder intenta vender al mundo. La industria del tabaco de lujo puede esperar una nueva fecha; el cubano común no puede esperar por la luz, el transporte ni el combustible que el sistema le niega cada día.

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