Cuba usa la expulsión en Ecuador para culpar a EE. UU. y tapar su desgaste regional

La expulsión de toda la misión diplomática cubana en Ecuador dejó a La Habana en una posición incómoda y el régimen respondió como suele hacerlo cuando pierde terreno: acusó a Estados Unidos de buscar la ruptura de la unidad latinoamericana. El acto de recibimiento a los diplomáticos expulsados, celebrado en la capital cubana, sirvió para convertir un revés político en una nueva pieza de propaganda ضد Washington.

El Minrex sostuvo que la medida tomada por Quito forma parte de una estrategia de Estados Unidos para destruir los consensos regionales y mantener a América Latina y el Caribe lejos de la llamada Zona de Paz. Esa versión intenta presentar a Cuba como víctima de una ofensiva externa, pero los hechos descritos muestran otra realidad más cruda: varios gobiernos de la región han empezado a marcar distancia de la isla y a romper con la cobertura automática que durante años protegió al régimen.

Ecuador declaró persona non grata a todo el personal diplomático, administrativo y consular cubano, incluido su embajador Basilio Gutiérrez, y dio 48 horas para salir del país. Además, retiró a su propio embajador en La Habana, una decisión que en la práctica dejó rotas las relaciones diplomáticas. Daniel Noboa dijo que en su país se había detectado injerencia en actividades políticas, de disidencia e incluso violentas, una acusación que golpea de frente la narrativa oficial cubana sobre su papel en la región.

La reacción de La Habana también revela hasta qué punto el régimen depende todavía del relato de la confrontación con Washington para ocultar su aislamiento. En vez de responder a las sospechas levantadas en Ecuador, el Ministerio de Relaciones Exteriores prefirió llevar el caso al terreno ideológico y presentarlo como parte de una ofensiva mayor contra Cuba. Es una fórmula vieja: cuando se acumulan señales de rechazo, el poder cubano busca refugio en el antiimperialismo y vende victimismo en lugar de rendir cuentas.

El problema para el castrismo es que Ecuador no actuó en el vacío. Su distanciamiento de La Habana coincide con un giro más amplio en la región, donde varios gobiernos han estrechado lazos con Washington y han roto con aliados del socialismo del siglo XXI como Venezuela, México y Nicaragua. Incluso la abstención ecuatoriana en la votación de la resolución anual que Cuba impulsa en la ONU contra las sanciones estadounidenses mostró que el viejo consenso latinoamericano alrededor de la isla se resquebraja.

Para el cubano de a pie, este episodio importa porque confirma que el régimen sigue usando la política exterior como pantalla interna. Mientras la crisis económica aprieta, los salarios no alcanzan y la vida cotidiana se hunde en la escasez, La Habana insiste en sostener una diplomacia de consigna que ya no compra obediencia automática fuera de la isla. Cada expulsión, cada retiro de embajador y cada acusación de injerencia dejan al desnudo el costo político de una política exterior atada a la supervivencia del poder, no a los intereses reales del país.

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