Cuba afronta otra jornada de apagones simultáneos y la afectación puede llegar al 58% del país en el horario de mayor consumo, según la Unión Eléctrica. La cifra retrata un sistema eléctrico al borde del colapso, sostenido a la fuerza por un régimen que ha convertido la precariedad en rutina nacional.
La propia empresa estatal admite una generación disponible de 1.345 megavatios para una demanda máxima de 3.150. La distancia entre ambos números deja un déficit de 1.805 megavatios y una afectación estimada de 1.835. En la vida real, eso significa barrios enteros sin servicio, comida echada a perder, hogares paralizados y una economía que pierde todavía más capacidad de sostenerse.
La crisis viene golpeando desde mediados de 2024. El régimen la atribuye a la falta de divisas para comprar petróleo y a las averías acumuladas en las centrales térmicas, instaladas hace décadas y exprimidas hasta el desgaste. A ese panorama se suma el corte del suministro de crudo venezolano tras la caída del ex dictador de Venezuela, Nicolás Maduro, el 3 de enero, además de las presiones de Estados Unidos, factores que agravan una red ya resentida por años de abandono.
El parte de la UNE confirma el tamaño del derrumbe: nueve de las 16 unidades termoeléctricas están fuera de servicio por averías o mantenimientos, aunque esa fuente todavía representa en promedio el 40% del mix energético nacional. El informe, además, deja sin precisar cuántos motores de generación distribuida siguen inoperativos por falta de diésel, fueloil y lubricante, un dato que antes ayudaba a medir con más claridad el alcance del apagón sostenido.
Las cifras divulgadas muestran también que el número de motores fuera de servicio crece en los últimos días. Detrás de ese deterioro hay una infrafinanciación crónica y un sector completamente controlado por el Estado desde 1959, con resultados visibles en cada barrio: más oscuridad, más incertidumbre y más castigo para una población que paga la factura del fracaso oficial.
Estimaciones independientes calculan que harían falta entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para recuperar el sistema eléctrico. Mientras esa suma no aparezca, los apagones seguirán arrastrando a la economía, que se ha reducido más de 15% desde 2020, y alimentando el malestar social que ya ha desembocado en protestas recientes, según cifras oficiales. La crisis eléctrica volvió a mostrar, una vez más, que el régimen no tiene cómo sostener ni siquiera el servicio más básico de la isla.
La Unión Eléctrica prevé apagones simultáneos durante toda la jornada y una afectación de hasta 58% de Cuba en el horario pico.[8][

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