El régimen cubano salió este sábado en defensa de Irán tras los bombardeos ejecutados por Estados Unidos e Israel, y volvió a alinearse con su aliado en Medio Oriente con una condena formal que habló de una violación flagrante del Derecho Internacional y de la Carta de las Naciones Unidas.
Miguel Díaz-Canel calificó la ofensiva como una ruptura de la soberanía y la integridad territorial iraní, y advirtió sobre una escalada militar de consecuencias impredecibles. En sus redes sociales, también acusó a los ataques de arruinar por segunda ocasión los esfuerzos diplomáticos vinculados al tema nuclear y de poner en peligro la paz y la seguridad regional e internacional.
El Ministerio de Relaciones Exteriores siguió la misma línea. En una declaración oficial, el MINREX condenó los bombardeos y sostuvo que boicotean deliberadamente los esfuerzos de la diplomacia internacional. Bruno Rodríguez Parrilla insistió en que se trató de una transgresión clara del Derecho Internacional en medio de conversaciones sobre asuntos nucleares.
La reacción encaja con la política exterior del castrismo, marcada por alianzas ideológicas con regímenes autoritarios y por una necesidad permanente de respaldo externo. Cuba e Irán mantienen una relación de más de 40 años. La Habana fue de los primeros gobiernos en reconocer a la República Islámica en 1979 y desde entonces ha cultivado una cercanía que, según el propio material disponible, ha incluido apoyos concretos además del vínculo diplomático.
Ese alineamiento vuelve a mostrar la lógica de supervivencia del régimen: blindar a sus socios mientras dentro de la isla los cubanos siguen atrapados en la escasez, el abandono y la propaganda oficial. La condena a los ataques contra Irán le sirve a La Habana para exhibir postura internacional, pero también deja expuesta su dependencia de esas alianzas para sostener su aislamiento político.
Manuel Cuesta Morúa dijo a Martí Noticias que, con la muerte del Líder Supremo Alí Jamenei y el debilitamiento del régimen iraní, Cuba pierde un aliado importante y aumenta la presión internacional sobre el gobierno comunista. Esa lectura resume una realidad incómoda para el castrismo: cada golpe a uno de sus socios deja más visible la fragilidad de su red de apoyos.

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