Las muertes por accidentes de tránsito en Cuba subieron 18,3 % en 2025 respecto al año anterior, según un informe divulgado por la Comisión Nacional de Seguridad Vial. La cifra vuelve a exhibir la fragilidad de un país donde las carreteras rotas, el parque automotor envejecido y la falta de mantenimiento chocan con la incapacidad del régimen para sostener algo tan básico como la seguridad vial.
El dato más duro es que los accidentes prácticamente no cambiaron: 7.538 el año pasado frente a 7.507 en 2024. Sin embargo, el saldo mortal creció con fuerza. También aumentaron los lesionados, que llegaron a 6.718, un 1,6 % más que los 6.613 reportados el año previo. La tragedia se repite en las mismas vías y bajo las mismas condiciones de abandono.
Las autoridades atribuyeron la mayoría de los siniestros al factor humano. Entre las causas principales mencionaron la falta de atención al control del vehículo, no conceder el derecho de vía y el exceso de velocidad, responsables del 72 % de los accidentes. La explicación oficial, sin embargo, convive con una realidad más amplia: calles y carreteras mal conservadas, un parque automotor que arrastra décadas de uso y un sistema estatal incapaz de prevenir lo que luego solo sabe contabilizar.
El informe también alertó sobre el peso creciente de las motos y ciclomotores en los sucesos de tráfico, en correspondencia con el aumento de estos vehículos en la circulación. La Habana, Villa Clara y Ciego de Ávila concentraron las mayores cifras de accidentes, mientras el sector estatal mostró la mayor incidencia. El transporte ferroviario, además, elevó sus índices de accidentalidad.
La Comisión Nacional de Seguridad Vial señaló que siete de cada diez accidentes generan víctimas y que el choque de vehículos sigue siendo el siniestro más peligroso, con el 36 % de los fallecidos. En Cuba, la estadística vuelve a dejar al descubierto un país donde la vida en la carretera depende demasiado de la improvisación, el desgaste y la indiferencia oficial.

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