El Observatorio Cubano de Derechos Humanos exigió al régimen de La Habana que declare la emergencia sanitaria y diga con claridad qué está pasando en el país, donde ya se reportan centenares de miles de enfermos por arbovirosis y una crisis epidemiológica que se extiende sin control visible.
La organización advirtió que Cuba enfrenta al menos tres epidemias al mismo tiempo, en medio de barrios cubiertos de basura, falta de agua potable y hambruna. Esa combinación ha dejado a la población expuesta a enfermedades transmitidas por mosquitos, entre ellas dengue, chikungunya y oropouche, mientras el aparato estatal sigue sin dar una respuesta a la altura del desastre.
El OCDH describió además síntomas graves entre los afectados, con fiebre alta, mialgias, artralgias, ictericia, diarrea profusa, vómitos y erupciones cutáneas. La alerta es especialmente dura para niños, ancianos y reclusos, tres grupos que quedan más indefensos ante un sistema de salud agotado y sin capacidad real para diagnosticar ni tratar con precisión.
La denuncia vuelve a dejar al descubierto una realidad que el régimen intenta maquillar: la salud pública cubana está hundida mientras la acumulación de desechos, la escasez de agua y la miseria diaria alimentan el contagio. La gente depende de medicamentos enviados por familiares desde el exterior o comprados a precios abusivos en el mercado negro, mientras los hospitales arrastran carencias y abandono.
La organización también señaló la contradicción de un poder que mantiene la exportación de productos biotecnológicos y de personal médico, pero desatiende las necesidades básicas de su propia población. Por eso pidió reconocer el problema, declarar la emergencia sanitaria, limpiar de inmediato ciudades y pueblos, y poner recursos como los de BioCubaFarma y el conglomerado militar Gaesa al servicio de la reconstrucción hospitalaria interna.
La crisis sanitaria no solo exhibe el colapso del sistema de salud; también confirma el costo humano de un modelo que prioriza divisas, control político y propaganda mientras la población queda librada al contagio, la escasez y el abandono.

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