El régimen cubano volvió a exponer la fragilidad de su sistema energético al informar a las aerolíneas que operan en la isla que el suministro de queroseno quedará suspendido durante un mes, desde la medianoche del lunes. La decisión, ligada a la crisis de combustible, golpea de lleno la aviación civil y obliga a las compañías de largo recorrido a improvisar escalas técnicas para poder regresar con reserva suficiente.
La noticia fue confirmada por un ejecutivo de una aerolínea europea que habló con AFP bajo condición de anonimato. Según explicó, la aviación civil cubana notificó a todas las compañías que ya no habría suministro de JetFuel a partir del martes 10 de febrero a las 00H00, hora local. La medida afecta la operatividad normal del tráfico aéreo y deja claro hasta qué punto el desabastecimiento ha alcanzado incluso sectores que dependen de una logística mínima para sostenerse.
Las rutas regionales, por ahora, seguirían funcionando con normalidad. Air France en La Habana también informó que mantiene su conexión, aunque con una escala técnica prevista en otro país del Caribe. Ese ajuste resume la nueva realidad de una isla donde cada fallo del régimen en materia energética termina trasladándose a servicios esenciales, al transporte y a la actividad económica.
La crisis viene marcada por el fin del suministro de petróleo desde Venezuela, tras la caída de Nicolás Maduro. El gobierno cubano reaccionó el viernes con un paquete de emergencia que incluye la semana laboral de cuatro días, teletrabajo en administraciones y empresas estatales, restricciones en la venta de combustible, reducción de autobuses y trenes entre provincias y cierre de determinados establecimientos turísticos.
En educación, las clases serán más cortas y las universidades funcionarán en modalidad semipresencial. Oscar Pérez-Oliva Fraga, vice primer ministro, dijo en la televisión estatal que esas medidas buscan ahorrar combustible para favorecer la producción de alimentos y de electricidad, además de proteger las actividades que generan divisas. La explicación oficial vuelve a poner el peso sobre la población, mientras el aparato estatal intenta administrar la escasez con recortes que afectan el trabajo, la enseñanza y la movilidad de millones de cubanos.
Washington también se mueve en el tablero. Tras cortar los envíos desde Venezuela a raíz de la captura de Maduro a comienzos de enero, Donald Trump firmó la semana pasada un decreto que abre la puerta a aranceles para los países que vendan petróleo a La Habana. El propio Trump aseguró además que México dejará de suministrar petróleo a Cuba como lo hace desde 2023. La Casa Blanca justifica su política en una supuesta “amenaza excepcional” atribuida a la isla; el régimen responde que Washington pretende asfixiarlo. En medio de ese pulso, quien paga el costo inmediato es el cubano de a pie, atrapado entre la incapacidad interna y el deterioro de los suministros externos.

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