El régimen cubano volvió a situar en primer plano la violencia en sus aguas al reconocer que el miércoles hubo un nuevo tiroteo con una lancha rápida matriculada en Florida, un episodio que dejó al menos cuatro muertos y seis heridos, según el comunicado oficial. La embarcación se acercó al norte de Corralillo, en Villa Clara, y los guardafronteras respondieron cuando los ocupantes abrieron fuego contra la patrulla cubana.
Ese hecho no quedó aislado. El propio Ministerio del Interior recordó que en 2022 ya había enfrentado y disparado contra otras embarcaciones registradas en Estados Unidos, en medio de operativos que el régimen dijo haber realizado contra lanchas usadas para el tráfico ilícito de migrantes. La referencia oficial confirma que estos choques armados entre fuerzas cubanas y tripulaciones salidas de Florida forman parte de una tensión que La Habana intenta leer solo desde la narrativa de la seguridad fronteriza.
En junio de 2022, una de esas lanchas fue perseguida cerca de Cayo Fragoso, en la costa norte, y uno de sus tripulantes abrió fuego a corta distancia con un fusil automático, según la versión oficial. Un agente cubano resultó herido y la Guardia Costera estadounidense terminó interceptando la embarcación. Nueve días después, uno de los acusados de disparar fue trasladado a Cuba, un detalle que muestra la cadena de contactos, persecuciones y choques que rodea estas salidas ilegales.
Ese mismo día hubo otro enfrentamiento a tres millas náuticas al norte de Bahía Honda, en Artemisa. Las autoridades cubanas dijeron que los traficantes dispararon primero, que uno de ellos murió y que el episodio encajó en la misma ruta de lanchas rápidas vinculadas a salidas irregulares desde la isla. El régimen aprovechó entonces para culpar a Washington y a la Ley de Ajuste Cubano, a la que señaló como estímulo para la emigración ilegal.
La nueva versión oficial deja claro que el éxodo cubano sigue alimentado por un país cerrado, sin libertades y sin futuro para millones de personas. Cuando una lancha cargada de desesperación termina en un intercambio de disparos, la raíz del problema está en el desastre político que empuja a tantos cubanos a escapar por cualquier vía. El régimen intenta presentar cada caso como simple criminalidad ajena, pero detrás de esas salidas están la asfixia económica, el control político y la falta de salida dentro de Cuba.
La consecuencia inmediata vuelve a ser la misma: muertos, heridos y otra señal del colapso que se vive en los alrededores de la isla. También queda expuesta la facilidad con que redes de tráfico aprovechan la desesperación de quienes salen en busca de escape. En vez de ofrecer una vida normal en su territorio, el régimen responde con patrullas, fusiles y propaganda, mientras convierte el drama migratorio en otro frente de confrontación política.

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