Las lluvias asociadas a una depresión tropical golpearon con fuerza el oriente de Cuba este fin de semana y dejaron a su paso derrumbes parciales de viviendas, crecidas de ríos, inundaciones, deslizamientos de tierra y varios miles de evacuados. Guantánamo y Santiago de Cuba concentraron las mayores afectaciones, en una muestra más de la vulnerabilidad estructural del país frente a cada evento meteorológico serio.
El Instituto de Meteorología informó acumulados de entre 200 y 300 milímetros en varias localidades de esas provincias. En Santiago de Cuba se reportaron al menos 11 derrumbes parciales de viviendas y muros de contención, además de inundaciones en zonas bajas de lugares como Guamá y Baconao, según la televisión estatal.
La provincia oriental también recibió un alivio parcial en medio de la sequía. Especialistas de la empresa de aprovechamiento hidráulico de Santiago de Cuba dijeron que las lluvias aumentaron en 8,2 millones de metros cúbicos el volumen total de agua almacenada en sus 16 embalses. La ingeniera Katia Alarcón admitió que esos niveles todavía no permiten hablar de una recuperación sustancial, aunque sí frenaron el descenso progresivo de los reservorios.
La emergencia también trastocó la vida diaria en Santiago de Cuba. La Universidad de Oriente suspendió sus actividades docentes y la Serie Nacional de Béisbol canceló los juegos previstos para este domingo, mientras la depresión tropical sigue su curso hacia las Bahamas y mantiene la inestabilidad sobre amplias zonas del centro y el oriente de la isla.
El parte más reciente del centro de pronósticos del Insmet advirtió que continuarán los chubascos, las lluvias y las tormentas eléctricas, sobre todo en áreas montañosas. Los meteorólogos cubanos, además, prevén una temporada ciclónica muy activa en 2025, con la posible formación de ocho huracanes y una alta probabilidad de impacto en el Caribe y sobre Cuba.
La memoria reciente está todavía fresca. En 2024, el huracán Óscar entró por Guantánamo como categoría 1, dejó ocho fallecidos, dañó 12.000 viviendas y aisló comunidades. Después llegó Rafael, de categoría 3, y arrasó el occidente cubano hasta provocar el colapso total del sistema eléctrico nacional y afectar a 10 millones de personas. Cada nuevo episodio confirma la misma realidad: un país sin infraestructura resistente, con viviendas frágiles y un régimen incapaz de proteger a la población ante la temporada ciclónica.

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