Sale de Honduras la última brigada médica cubana

La última brigada de médicos cubanos que seguía en Honduras abandonó este jueves el país después de que no se renovara el convenio que les permitía operar allí desde hace dos años. La salida cerró una cooperación que llegó a reunir 170 integrantes entre doctores y técnicos, y dejó en evidencia hasta qué punto La Habana depende de exportar personal sanitario para sostener su caja de divisas.

El golpe llega en un momento sensible para el régimen cubano, que vuelve a quedar expuesto por una economía asfixiada y por su necesidad de vender servicios médicos como si fueran una mercancía de Estado. Mientras los profesionales regresaban con equipajes llenos de compras para sus familias, la isla seguía atrapada en la escasez y bajo un nuevo apagón masivo, otro recordatorio del deterioro cotidiano que empuja a tantos cubanos a sobrevivir entre apagones, carencias y salarios insuficientes.

La decisión hondureña siguió la línea marcada por otros gobiernos de la región, que han ido desmontando estos acuerdos bajo la presión de Washington y por las denuncias de Estados Unidos, que describe las misiones médicas como «trata de personas» y «trabajo forzoso». El régimen cubano rechaza esa acusación, pero el debate no desaparece por la propaganda oficial: permanece cada vez que sale a la luz que una de las principales fuentes de ingresos del país depende de enviar médicos al exterior mientras adentro faltan medicinas, insumos y estabilidad para atender a la propia población.

Antes de partir, el jefe de la brigada, Armando Castillo, defendió la cooperación como un acto de soberanía y aseguró que el grupo había realizado medio millón de consultas y unas 23.000 cirugías bajo el contrato firmado por la entonces presidenta Xiomara Castro. Del otro lado, el gobierno hondureño habló de una decisión de política exterior y anunció que intentará sustituir a los cubanos por personal local o extranjero.

Lo que queda al desnudo es un modelo que el castrismo ha explotado durante años: exportar médicos para financiarse mientras dentro de Cuba se multiplica el desamparo. Cada brigada que sale recuerda que el régimen convirtió la vocación sanitaria en fuente de ingresos y en instrumento político, y que el costo lo paga también el cubano de a pie, al que le faltan médicos, combustible, luz y perspectivas.

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