La Seguridad del Estado detuvo en Camagüey al opositor Fernando Vázquez y lo acusa de desacato por un comentario ligado a publicaciones en Facebook contra un oficial de ese aparato represivo. La captura llegó después de una citación que, según su esposa, parecía un trámite de la ONAT para regularizar un punto de venta de víveres que la familia maneja en su casa.
Anisia Manresa Rivero explicó que llamaron a su esposo en la mañana del día 13 y le pidieron presentarse en la Oficina Nacional de Administración Tributaria. La cita, en apariencia administrativa, terminó con Vázquez en manos de la Seguridad del Estado. Desde entonces permanece preso y ella no ha podido verlo.
La esposa dijo que solo ha logrado llevarle ropa, medicamentos y aseo personal. También denunció que le devolvieron la bicicleta, pero no el dinero ni los dos teléfonos que le retiraron. Ese detalle resume bien el método del régimen: el castigo político se apoya en el control policial, el decomiso arbitrario y la presión sobre la vida diaria de una familia que depende de un pequeño negocio para sostenerse.
El caso vuelve a mostrar cómo el Código Penal cubano sirve de blindaje para proteger a los funcionarios y castigar la crítica en redes sociales. Delitos como desacato, propaganda contra el orden institucional, instigación a delinquir, atentado, resistencia y calumnia aparecen una y otra vez como herramientas para perseguir la opinión incómoda y cerrar el espacio público.
Fernando Vázquez Guerra, tres veces prisionero político y coordinador de la UNPACU en Camagüey, entra en esa maquinaria de represión que el régimen activa contra los opositores con mayor visibilidad. La acusación por un comentario en Facebook deja claro el mensaje de La Habana: opinar cuesta cárcel cuando la crítica apunta a la Seguridad del Estado o a sus representantes.
José Daniel Ferrer, líder de la Unión Patriótica de Cuba y ex prisionero político, consideró que la detención forma parte de una nueva oleada represiva en todo el país. Dijo que, mientras la crisis se agrava y el descontento crece, el régimen responde con más persecución para sembrar miedo y frenar las demandas de libertad, democracia y bienestar.
La detención de Vázquez encaja en esa lógica de castigo selectivo que sostiene al castrismo: un trámite usado como anzuelo, la intervención de la Seguridad del Estado y una acusación penal pensada para amarrar la disidencia. En Cuba, hasta un comentario en Facebook puede terminar convertido en expediente represivo.

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