El dólar cerró este lunes en 24 pesos cubanos en el mercado oficial, sin variación frente a la sesión anterior. La cifra transmite quietud en la pizarra, pero en la calle cubana el mensaje es otro: la moneda nacional sigue atrapada en una economía que no levanta cabeza y en la que cada señal de estabilidad convive con la precariedad de siempre.
En los últimos siete días, la divisa estadounidense apenas avanzó 0,15%, y en la comparación interanual registra un descenso marginal de 0,01%. La volatilidad semanal, de 0,79%, se ubicó por debajo del comportamiento anual, estimado en 4,45%, lo que apunta a una fase de menor sobresalto en la cotización oficial. Esa calma, sin embargo, no corrige la debilidad de fondo del sistema económico cubano.
El régimen proyecta para 2026 un crecimiento de apenas 1%, exactamente la misma meta que había trazado para el año anterior y que no cumplió por la contracción del Producto Interno Bruto. Joaquín Alonso, ministro de Economía y Planificación, reconoció que el país seguirá operando bajo una “economía de guerra”, con amenazas, riesgos y tensiones que pueden agravarse durante el próximo año. La expresión resume con crudeza el callejón al que el castrismo ha llevado al país: escasez, racionamiento de facto y una vida diaria marcada por la improvisación.
Las autoridades sostienen su expectativa de crecimiento en un mejor desempeño del turismo y de los servicios de exportación, sobre todo los servicios médicos, que continúan como fuente clave de divisas. Al mismo tiempo, prevén una inflación del 10% en el mercado formal, por debajo del 14,07% registrado al cierre de 2025. La cifra luce moderada en el papel, pero en la práctica no resuelve el golpe real sobre salarios, pensiones y consumo básico en una economía donde casi todo cuesta más y rinde menos.
El déficit fiscal estimado para 2026 asciende a 74.500 millones de pesos cubanos, unos 3.100 millones de dólares al tipo de cambio oficial para empresas, una carga prácticamente igual a la del año anterior. El propio Gobierno admite que persisten los problemas estructurales: escasez de productos básicos, apagones, inflación elevada, dolarización creciente y fuerte migración. Entre 2020 y 2024, la economía cubana se contrajo 11%, y en 2024 el PIB cayó 1,1% por segundo año consecutivo. Los números confirman el deterioro de un modelo agotado que el régimen intenta maquillar con promesas y lenguaje tecnocrático.
En paralelo, el Gobierno habla de atraer inversión extranjera y promete un entorno “más dinámico y transparente” para los inversores, con mayores facilidades y garantías. Pero esa invitación choca con la realidad de un país asfixiado por el control político, la falta de confianza y una crisis financiera que el poder no ha sabido ni querido resolver. La cotización del dólar puede pasar un día sin moverse; la economía cubana, en cambio, sigue hundida.

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